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Cada vez que nos reunimos para cele- brar la Eucarist í a, hacemos presente al Se ñ or. Estamos seguros de esa presencia porque é l prometi ó que.

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Presentación del tema: "Cada vez que nos reunimos para cele- brar la Eucarist í a, hacemos presente al Se ñ or. Estamos seguros de esa presencia porque é l prometi ó que."— Transcripción de la presentación:

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4 Cada vez que nos reunimos para cele- brar la Eucarist í a, hacemos presente al Se ñ or. Estamos seguros de esa presencia porque é l prometi ó que « donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo ». Tambi é n nos afirm ó que est á presente en el pan que partimos y el vino que consagramos. Y se hace presente en la Palabra que proclamamos.

5 Son diversos modos de presencia del Se ñ or, pero todos ellos reales. Nosotros, conociendo y celebrando esa presencia del Se ñ or, todav í a esperamos su venida. Los hombres no podemos vivir sin « estar esperando » algo o a « alguien ». Esas esperanzas pueden ser m ú ltiples y variadas: un puesto de trabajo, la salud, la soluci ó n a un problema, una persona que queremos... Pero a veces, ante el fracaso o la demora, la esperanza se va enfriando y el á nimo se va amortiguando..

6 Hoy el Se ñ or nos habla de la « esperanza en Dios » : en la venida de Dios. Una venida que ser á como una fiesta y podr á suceder en un momento inesperado. Pero ser á cierta. Hay que estar dispuestos a recibirle. No podemos dejar que se apague la l á mpara de nuestra esperanza. Estamos terminando las semanas del A ñ o Lit ú rgico, y por eso las lecturas nos van orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del Resucitado. O sea, hacia la escatolog í a, es decir, al final de la historia.

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8 Ven, Espíritu Santo, llena y mueve nuestros corazones. Ay ú danos a acoger a Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne. Que Jesucristo, luz del mundo, ilumine nuestra mente y nos haga testigos de la Verdad y defensores de la Vida, para que nuestra comunidad eclesial sea la morada de Dios entre nosotros, « Casa y escuela de comunión », por la escucha y puesta en pr á ctica de la Palabra.

9 Que nosotros no rechacemos la invitaci ó n de Dios a acercarnos y escuchar su Palabra, y trabajar por el Reino, sino que con nuestras obras y palabras demos testimonio de nuestra fe y ejemplo de nuestra esperanza. Ven, Espíritu Santo, ilumina nuestra mente, nuestro corazón y nuestra voluntad, para que podamos comprender, aceptar y vivir la Palabra de Dios. Amén.

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12 La primera lectura alaba la « sabiduría » (que es distinta a lo que nosotros llamamos cultura o capacidad para conocer muchas cosas). Debemos amarla y buscarla como el valor m á s apreciable. Adem á s, puesto que la sabidur í a es un don de Dios, est á siempre a la mano. Aquellos que tienen en cuenta esto y la buscan, la encuentran y viven de acuerdo con ella.

13 La « sabiduría » de la que nos habla la Palabra de Dios es la capacidad de descubrir a Dios en el mundo y en sus acontecimientos; es la « luz » que nos lleva a caminar hacia el Se ñ or en medio de las oscuridades y desconciertos de la vida. El autor sagrado nos habla del origen, naturaleza y propiedades de esa sabidur í a, como si se tratase de un atributo divino personificado. Por eso es importante « buscarla » porque nos hace amigos de Dios y manifiesta la voluntad divina sobre los hombres. Esta « sabiduría » conduce al Reino.

14 Es l ó gico que la sabidur í a de la que se nos habla hoy, no se refiere a la sabidur í a conseguida por el esfuerzo de unos estudios o por la capacidad de una inteligencia; sino que se habla de una sabidur í a alcanzada por la generosidad del coraz ó n. El autor de este libro sapiencial personifica a la Sabidur í a y la hace aparecer como una mujer radiante, hermosa, inmarcesible. Les har á mucho bien a todos, sobre todo a los gobernantes de los pa í ses, contar con ella.

15 Los que la aman y la buscan la encuentran. Pero es ella misma, la Sabidur í a personificada, la que se da a conocer a los que la desean, la que est á sentada a la puerta, ya de madrugada, esperando que alguien la encuentre, la que sale al paso de los que desean meditar y dejarse conducir por ella.

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17 Para el salmista, Dios es la fuente de toda sabidur í a y felicidad: « mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío ». Por eso « por ti madrugo » porque « tu gracia vale más que la vida ». En la primera lectura se dec í a que la Sabidur í a madrugaba para salir al paso de los deseos de sabidur í a. Ahora es el salmista piadoso el que madruga para encontrarse con Dios.

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19 La mayor sabidur í a del hombre se muestra en su visi ó n de la muerte, y c ó mo se comporta en la muerte. San Pablo aqu í nos recuerda la esencia de la sabidur í a cristiana ante la muerte: inconmovible esperanza en la vida eterna y la resurrecci ó n. Es sabio (como nos dec í a la primera lectura) quien encuentra el camino hacia Dios. Pero ese camino hay que recorrerlo con esperanza y confianza en el Se ñ or resucitado. As í lo dice San Pablo a los cristianos de Tesal ó nica, y con ellos a nosotros.

20 Ante el desconcierto que siembra en nuestro á nimo la muerte de las personas, San Pablo nos dice que no nos agobiemos, porque ese acontecimiento de la muerte es el que nos abre las puertas del Reino. Y gracias a ello, « estaremos para siempre con el Señor ». Para el cristiano no puede existir el agobio, la aflicci ó n sin esperanza y, todav í a menos, la desesperaci ó n ante la muerte. Si Cristo ha resucitado, nosotros viviremos con é l para siempre. Y la certeza que nos ofrece la fe colma de consuelo y esperanza un acontecimiento tan inexplicable y desgarrador como es la muerte.

21 Pablo presenta a los cristianos de Tesal ó nica una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo. No tienen que estar tristes « como los que están sin esperanza ». Para los cristianos es la confianza la que debe dar color a su mirada al futuro, porque « si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios los llevará con él ».

22 En la segunda parte de la lectura -que no por ser m á s dif í cil de explicar deber í amos omitir sin m á s- Pablo dice lo que pasar á " cuando venga el Señor ". Las primeras generaciones cre í an inminente la vuelta gloriosa del Se ñ or: recordemos que este escrito es el primero de los que se conservan del Nuevo Testamento. Seg ú n el misterioso orden que describe Pablo, los primeros en resucitar ser á n los difuntos: « él descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar ». Despu é s los que todav í a est á n vivos iremos « al encuentro del Señor » y « estaremos siempre con el Señor ».

23 No importa mucho si Pablo tambi é n cre í a o no en la inminencia de la vuelta del Se ñ or. Lo principal es la consigna de confianza y paz que é l transmite. Porque la muerte -o el fin del mundo- no va a ser la ú ltima palabra, pues Dios nos tiene destinados a la vida, con su Hijo Jes ú s.

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26 Las diez jóvenes (cfr. Lc. 12,35-40) 1 Entonces el reino de los cielos será como diez muchachas que salieron con sus lámparas a recibir al novio. 2 Cinco eran necias y cinco prudentes. 3 Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite. 4 Las prudentes llevaban frascos de aceite con sus lámparas. 5 Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron. 6 A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo!

27 7 Todas las muchachas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Las necias pidieron a las prudentes: ¿Pueden darnos un poco de aceite?, porque se nos apagan las lámparas. 9 Contestaron las prudentes: No, porque seguramente no alcanzará para todas; es mejor que vayan a comprarlo a la tienda. 10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas y la puerta se cerró.

28 11 Más tarde llegaron las otras muchachas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12 Él respondió: Les aseguro que no las conozco. 13 Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora.

29 Hoy, con la pará- bola de las don- cellas que de- b í an estar pre- paradas para en- trar como damas de honor al banquete de bodas, el Se ñ or nos invita a vigilar, estar preparados y esperar su venida. No hemos le í do, pero conocemos bien, la del ladr ó n que puede abrir un boquete y entrar en casa cuando menos se le espera. El pr ó ximo domingo leeremos la par á bola de los talentos de los que hay que dar cuenta a la vuelta del amo. Mirar al futuro, ser prudentes y precavidos, es caracter í stica de sabios. Hoy, con la pará- bola de las don- cellas que de- b í an estar pre- paradas para en- trar como damas de honor al banquete de bodas, el Se ñ or nos invita a vigilar, estar preparados y esperar su venida. No hemos le í do, pero conocemos bien, la del ladr ó n que puede abrir un boquete y entrar en casa cuando menos se le espera. El pr ó ximo domingo leeremos la par á bola de los talentos de los que hay que dar cuenta a la vuelta del amo. Mirar al futuro, ser prudentes y precavidos, es caracter í stica de sabios.

30 En el evangelio de Mateo hay cinco grandes « discursos » o « sermones » de Jes ú s, que en realidad son pasajes en los que el evangelista ha querido reunir ense ñ anzas seguramente dispersas del Maestro. El ú ltimo de estos discursos es el llamado « escatológico », ya al final de su vida, como pr ó logo al relato de la Pasi ó n. A ese pasaje pertenece la par á bola de las diez doncellas, que es propia de Mateo. La par á bola del Evangelio sobre las v í rgenes necias y prudentes es una par á bola sobre la sabidur í a cristiana y tambi é n sobre la sabidur í a humana.

31 La diferencia entre la sabidur í a y la necedad de las doncellas consiste en su previsi ó n y preparaci ó n para encontrar al novio; en la preparaci ó n de sus l á mparas y su provisi ó n de aceite. ¿ Qu é trata de comunicamos esta par á bola? No podemos improvisar -como las doncellas necias- nuestro encuentro definitivo con Cristo. Debemos « mantener los ojos abiertos (las l á mparas llenas de aceite) porque no sabemos ni el día ni la hora ».

32 La preparaci ó n para el encuentro con Cristo no es un asunto de ú ltima hora. Este era el caso de las v í rgenes imprudentes, que fueron por aceite en el ú ltimo momento y llegaron tarde. En cambio, la preparaci ó n es el uso sabio de nuestras vidas. Las v í rgenes sabias estaban siempre preparadas, por costumbre. Siempre llevaban aceite en sus l á mparas, como forma de vida, a fin de no tener problemas en llegar a tiempo a encontrar el novio. La suma sabidur í a de la par á bola: encontramos a Cristo en la medida en que lo hemos buscado.

33 Esta par á bola, como todas, est á tomada de los hechos corrientes de la vida, esta vez de c ó mo se hac í an las bodas en su tiempo. El esposo tarda en llegar, y las doncellas que est á n designadas para recibirle cuando llegue, se duermen. Pero cinco tienen aceite para sus l á mparas, y cinco, no. A estas necias se les cierra la puerta del banquete mientras van a comprar aceite, y las otras cinco s í entran. Jes ú s mismo saca la lecci ó n de esta par á bola: « Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora» (se entiende que habla de la venida ú ltima del Se ñ or).

34 La fe nos abre las puertas del Reino. Y la venida del Se ñ or, el llamado « día del Señor », es inevitable. Lo importante es estar preparados para esa venida del Se ñ or, para ese d í a de Dios. La par á bola que nos relata hoy Jes ú s es sumamente aleccionadora. Todas las j ó venes estaban esperando al novio para entrar a la fiesta en cuanto llegara. Pero unas est á n preparadas para acogerle y las otras, aunque le est á n esperando no est á n preparadas.

35 De esta manera, unas (las preparadas) entrar á n a la fiesta; y las otras, las descuidadas, no podr á n participar en ella, aunque todas han estado sin dormir y esper á ndole. Hay cosas que no se improvisan a ú ltima hora. Los disc í pulos del Se ñ or han de ser previsores y estar preparados porque el Se ñ or puede llegar en cualquier momento.

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37 Mirada de esperanza hacia el final de la historia Los primeros cristianos viv í an esperando como inminente el retorno de Jesucristo. Pero sea cuando sea esta venida, Pablo quiere que los cristianos vivan llenos de esperanza. Tanto si el fin del mundo sucede despu é s de nuestra muerte o nos encuentra vivos, todos tenemos el mismo destino en Cristo Jes ú s, o bien, el mismo destino que Cristo Jes ú s: si é l muri ó y resucit ó, as í tambi é n a nosotros " Dios nos llevará con él ", y as í " estaremos siempre con el Señor ".

38 Lo principal de este mensaje no es el lenguaje apocal í ptico que emplea para esta vuelta del Se ñ or (que " desciende ", que suena la " voz del arcángel " y la " trompeta divina "), sino que todos los que creemos en Cristo Jes ú s " estaremos siempre con el Señor ", que " Dios los llevará con él ". Esto debe llenarnos de consuelo y esperanza. Pablo quiere que los cristianos de sus comunidades vivan con serenidad su vida y tambi é n la expectativa del futuro: " consolaos, pues, mutuamente, con estas palabras".

39 Nosotros no andamos preocupados precisamente por saber cu á ndo ser á el fin del mundo, a pesar de todas las amenazas de cataclismos nucleares o c ó smicos. Tal vez s í por saber cu á ndo ser á nuestro fin personal, la hora de nuestra muerte, y c ó mo nos encontrar á en aquel momento el juicio de Dios. En ambas direcciones, Pablo nos invita a la confianza. Nos impone mucho respeto el pensar en nuestra muerte. Pero la fe cristiana deber í a dar a esta mirada, que l ó gicamente es seria y no nos deja indiferentes, un color de esperanza, por el mismo motivo que dice Pablo: los que creemos y seguimos a Cristo, tenemos en los planes de Dios el mismo destino que é l: « si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios, por medio de Jesús, los llevará con él ».

40 La verdadera sabidur í a Hoy se nos invita a ser sabios. La primera lectura, del libro de la Sabidur í a -el ú ltimo libro del AT, escrito unos cincuenta a ñ os antes de Cristo-, nos ha cantado las ventajas de encontrar la sabidur í a aut é ntica, que sale a nuestro encuentro y quiere que la busquemos: el que est á con los ojos abiertos y sabe acogerla, ese ser á en verdad afortunado.

41 Seg ú n este libro, es f á cil poseer la sabidur í a. No hace falta mucha ciencia o cultura: muchas personas sencillas, de las que seguramente hemos conocido algunas en nuestra misma familia o entorno, han tenido ese don de la sabidur í a y han visto claramente lo que val í a la pena en esta vida, mientras que otros que se cre í an sabios - los m á s, ser í an eruditos o cultos- no han dado con la clave justa y han malogrado sus energ í as y su vida.

42 Sobre todo ha sido Jes ú s, en su par á bola de hoy, narrada con pedagog í a y elegancia hasta literaria, quien nos ha puesto ante el dilema. Las muchachas que no supieron estar atentas y preparadas para la venida del novio y no pudieron entrar a la fiesta, son tontas. Las otras, sabias. Adem á s de v í rgenes (o sea, muchachas solteras), se les ped í a que fueran inteligentes. Cara al fin del mundo, o incluso a nuestra propia muerte, lo principal no es responder a la curiosidad de saber cu á ndo suceder á n y c ó mo, sino estar en vela, preparados para que cuando lleguen esos momentos podamos afrontarlos positivamente.

43 Adem á s, la sabidur í a no s ó lo es esperar, sino tambi é n, como nos dice la primera lectura de hoy, salir a su encuentro, buscarla, desearla. As í nuestra disposici ó n receptiva se encontrar á con la iniciativa de Dios. Para nosotros, Cristo no s ó lo fue el Maestro que nos transmiti ó « palabras », sino que é l mismo « es la Palabra » definitiva que Dios ha dicho a la humanidad. Por eso, la Palabra de Dios que nos es proclamada en la Eucarist í a, y la que podemos leer nosotros mismos, o la que meditamos en grupo, es un alimento de aut é ntica sabidur í a que Dios nos ofrece.

44 Que no nos falte el aceite E l aceite tiene muchos usos pr á cticos en la vida: para cocinar, para suavizar, para curar, para alimentar l á mparas. Por eso es tambi é n s í mbolo de realidades m á s profundas: luz, paz y suavidad (poner un poco de aceite en las relaciones de una comunidad), amor, alegr í a, salud. En el uso religioso, ya en el AT se empleaba la unci ó n (el masaje con aceite) como signo de la elecci ó n y consagraci ó n de reyes, profetas o sacerdotes de parte de Dios. Las muchachas que ten í an sus l á mparas encendidas, s í mbolo de fe, de atenci ó n, de inter é s, de amor, entraron a la fiesta de las bodas.

45 Las comparaciones con nuestro mundo son f á ciles. Tienen su l á mpara encendida el estudiante al que no conviene que le sorprendan los ex á menes sin preparaci ó n, el deportista que no espera a ú ltima hora en esforzarse por ganar la carrera o al menos a no llegar fuera de control, el viajero que procura muy bien que no le falta carburante para el viaje que emprende en su coche, el administrador que no descuida la econom í a de cada d í a para poder llegar a fin de mes, los ecologistas que advierten de que no podemos malgastar en nuestra generaci ó n algunos de los bienes de la naturaleza (ox í geno, agua) que van a hacer falta a nuestros sucesores...

46 Al final, cuando Jes ú s el Juez nos llame ante s í, aparecer á cu á l era ese aceite que ten í amos que haber asegurado para nuestra l á mpara: si hemos amado, si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo... Las cuentas corrientes y los aplausos que hayamos recibido de los hombres y la fama que hayamos acumulado, pueden no servirnos para nada. Lo que nos hac í a falta era el aceite de la fe, del amor, de las buenas obras.

47 Vigilar no es vivir con miedo ni dejarnos atenazar por la angustia. Un cristiano no deja de vivir el presente, de incorporarse seriamente a las tareas de la sociedad y de la Iglesia. Pero lo hace con responsabilidad, y con la atenci ó n puesta en los verdaderos valores, sin dejarse amodorrar por las drogas de este mundo o por la pereza.

48 Ojal á acertemos con lo verdaderamente importante en la vida. Ojal á de buena ma ñ ana, cuando empecemos la jornada, encontremos sentada a nuestra puerta la Sabidur í a divina, y la convicci ó n de que Cristo " está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo ", y eso nos d é la paz y la serenidad que nos hacen falta para vivir humana y cristianamente. Con aquella esperanza cristiana que mostraba el P. Arrupe cuando dijo que para é l la muerte era " el último amén de la vida presente y el primer aleluya de la vida definitiva "... El aleluya de haber entrado al banquete de bodas.

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50 Padre de bondad y misericordia, concede a tu Iglesia que, con la predicaci ó n del Evangelio, ofrezca la verdadera sabidur í a cristiana que da sentido a toda la vida. Que nosotros, disc í pulos de tu hijo, sepamos vivir con esperanza y confianza en T í y nos ayudemos unos a otros de modo fraternal.

51 Y que, atendiendo la exhortaci ó n del se ñ or Jes ú s, la exhortaci ó n del se ñ or Jes ú s, estemos gozosamente vigilantes esperando su venida gloriosa, que ser á como una fiesta para quien tenga su l á mpara de fe encendida. Am é n.

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53 Necesitamos buscar la Sabidur í a: No se trata de una sabidur í a profesional o t é cnica, sino de una sabidur í a moral, espiritual. La palabra de Dios afirma que es verdaderamente sabio quien encuentra el camino que lleva a Dios y lo recorre sin titubeos, aunque carezca de cultura humana. Esa sabidur í a se alcanza abriendo la puerta del coraz ó n a Dios y practicando sus mandatos, aunque no se tengan grandes estudios sobre ellos.

54 Para Dios el verdaderamente sabio es quien se hace rico en virtudes y recorre, con gozo, el camino que lleva al Reino. Hay grandes sabios para las ciencias, pero perfectos ignorantes para Dios. Sin embargo, hay much í simas gentes que carecen de conocimientos cient í ficos y son los sabios para Dios.

55 La sabidur í a de Dios puede ser alcanzada por todos. Est á a la puerta de casa. As í lo dice la primera lectura de hoy. Es preciso « construir sobre roca » para estar en condiciones de entrar en el Reino. Quien « construye sobre arena » puede quedar arruinada su esperanza. Dios nuestro Padre nos invita a la fiesta, porque Dios es « el Dios de la alegría, del gozo, y no del luto o del sufrimiento ».

56 Para celebrar la fiesta no podemos dejar que se apague la luz de la fe y de la esperanza en nosotros. Eso significar í a « perder las llaves del Reino ». Por eso el Se ñ or nos hace hoy una llamada a la vigilancia, a estar atentos a su venida. Nos dice que no dejemos apagar nuestra l á mpara. As í como una l á mpara se apaga si no tiene aceite, as í se apaga la ilusi ó n y la esperanza si carecen de fe. Debemos estar atentos y contentos porque, a la hora menos pensada, vendr á el Se ñ or.

57 El Evangelio de hoy no es el Evangelio del miedo, sino el Evangelio de la responsabilidad y de la alegr í a en la espera del « día del Señor », que siempre ser á el paso a la fiesta que no acaba. Todos los caminos conducen « a la fiesta » de Dios, igual que la muerte a la resurrecci ó n. Lo importante es que los acontecimientos de nuestra vida, ya sean alegres o sean tristes, alimenten nuestra « lámpara » para que no se apague la luz que nos conduce por el camino de Dios hacia el Reino.

58 Velar, mantenerse en vigilia Es lo que hacemos cuando estamos junto al lecho de un enfermo, o lo que hacen los guardias y centinelas en su puesto de observaci ó n, o los m é dicos y enfermeros de guardia. As í, la comunidad eclesial se mantiene en la espera mirando hacia el futuro: es un pueblo en marcha, peregrino, que camina hacia la venida ú ltima de su Se ñ or y Esposo.

59 Es una actitud fundamental para todo cristiano: adem á s de creyente y servicial (fe y caridad), un cristiano es una persona que espera, que est á en vela, mirando al futuro. Los jud í os no supieron reconocer la llegada del Enviado de Dios. Tambi é n nosotros corremos el peligro de adormecernos y dejar pasar los momentos de gracia que Dios nos ofrece una y otra vez.

60 La Eucarist í a mira al futuro : Cuando celebramos la Eucarist í a no s ó lo miramos al pasado -la Pascua del Se ñ or, hace dos mil a ñ os-, y al presente, sino tambi é n al futuro: « mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Señor Jesucristo ».

61 La comunidad, despu é s del relato de la consagraci ó n, resume en una aclamaci ó n esta perspectiva hist ó rica: « anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ven, Señor Jesús ».

62 Cuando somos invitados a acercarnos a la comuni ó n con el Cuerpo y Sangre de Cristo, el sacerdote nos propone una perspectiva m á s lejana. No s ó lo nos invita (aunque as í parecen decirlo las varias traducciones de la frase), a la comida eucar í stica de hoy, sino al banquete de bodas del Cordero, ya en el Reino definitivo. En lat í n dice: « dichosos los invitados a la cena ( de bodas ) del Cordero ».

63 Cuando Jes ú s anunci ó por primera vez que iba a dejarnos la Eucarist í a como testamento, ya dijo expl í citamente que este sacramento ser í a como la garant í a y la pregustaci ó n de la vida eterna: « el que come si Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día ».

64 Algunas preguntas para meditar durante la semana: 1.¿ Pienso en Dios y en la decisi ó n final de mi vida s ó lo en situaciones tr á gicas? final de mi vida s ó lo en situaciones tr á gicas? 2. ¿ Qu é pienso del dicho: « Morimos como hemos vivido » ? como hemos vivido » ?

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