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Pasión y Muerte de Jesús IV. ¿Por qué MATARON a JESÚS?

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Presentación del tema: "Pasión y Muerte de Jesús IV. ¿Por qué MATARON a JESÚS?"— Transcripción de la presentación:

1 Pasión y Muerte de Jesús IV

2 ¿Por qué MATARON a JESÚS?

3 ¿Cuál fue el motivo de su muerte? dos explicaciones: Marcos (Mt y Lc): expulsión de los vendedores del Templo. Juan: Resurrección de Lázaro.

4 TEMPLO Juicio: destruirlo y construir otro (Mc 14,58). Crucifixión: "Eh, tú, que destruyes el Templo y lo reconstruyes en tres días" (Mc 15,29). Esteban: "Este hombre sostuvo que Jesús Nazareno destruiría el Templo y cambiaría las costumbres de Moisés" (Hch 6,14). Lo que determinó, la muerte a Jesús parece haber tenido que ver con el Templo.

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7 Menoráh de oro

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9 ¿Vendedores en el Templo? No podía llevar un animal cualquiera: sin defectos, ni impurezas, ni manchas… Llegaban desde lejos y no era cómodo venir car­gando el animal.

10 Los judíos mayores de 20 años debían pagar un impuesto anual al culto. Pero la moneda romana (única que circulaba en Palestina) no era aceptada. Sólo se ad­mitían monedas acuñadas en la ciudad de Tiro. Ese comercio religioso, tenía lugar en el atrio exterior del Templo, llamado Atrio de los Gentiles.

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13 A Jesús nunca le importó la pureza del Templo. ¿Por qué ahora se enoja tanto con la presencia de los vendedores?

14 M A R C O S (11,15-18)

15 Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba: «¿No está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una «cueva de bandidos!» Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle.

16 El Templo había dos áreas: Atrio de los Israelitas y Atrio de los Gentiles= no la consideraban Templo, la paganos la volvía impura. Allí se instalaron los mercaderes. Para Jesús el atrio de los paganos, donde estaban ubicados los vendedores y cambistas, también debía considerarse Templo: "Mi Casa será lla­ mada Casa de oración para todas las naciones" (Mc 11,15-18). La oración de judíos y paganos tenía el mismo valor ante Dios constituía: tesis re­volucionaria. Por eso de­cidieron matarlo.

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18 M A T E O (21,12-17)

19 Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. Y les dijo: «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!» También en el Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó. Mas los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen éstos?» «Sí - les dice Jesús -. ¿No habéis leído nunca que De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza?» Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.

20 Mateo es­cribe para lectores de origen judío, que esperaban la lle­gada de un futuro Mesías. Jesús expulsó a los vendedores del Templo el mismo día que entró en Jerusalén. Porque el día que Él entró en Jerusalén es el día en que la ciudad entera lo había aclamado como Rey y Mesías. Mateo quiere decir que el Jesús que acaba de ingresar en el Templo es el Mesías que ellos esperaban.

21 El Templo de Jerusalén estaba impuro des­de el año 167 a. C. Antíoco Epífanes había ofrecido en el Santuario sacrificios a los dioses paganos. Según una antigua profecía (Mal 3,1- 3), llegara el Mesías a purificarlo (1 Mac 4,44-46). Mateo, presenta a Jesús como Mesías, purificando el Templo.

22 Malaquías 3,1-3 1 He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot. 2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero. 3 Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán para Yahveh los que presentan la oblación en justicia.

23 1 Macabeos 4, Deliberaron sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba profanado. 45 Acordaron demolerlo para evitarse un oprobio, dado que los gentiles lo habían contaminado. Lo demolieron, 46 y depositaron sus piedras en el monte de la Casa, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que diera respuesta sobre ellas

24 Dos detalles propios: a) ciegos y paralíticos, los curó (11,14); estas curaciones se esperaban del Mesías; b) niños lo aclaman como Mesías (11,15). A Mateo no le interesa, como a Marcos, el atrio de los paganos. Le intere­sa el Templo, y mos­trar que Jesús se presenta como el Mesías que viene a purificarlo.

25 L U C A S (19,45-46)

26 45 Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, 46 diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»

27 19,47 Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, 48 pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

28 Lucas es la más breve. Apenas tiene dos versículos, y no cuenta casi nada (Lc 19,45- 46). Sólo dice que Jesús echó fuera a los vendedores. Él escribe para una comunidad formada por ex paganos y ex judíos, que amenaza con dividirse por problemas internos. Por eso busca eliminar de su Evangelio casi todas las escenas de violencia que pudieran aumentar aún más las tensiones.

29 Para Lucas, ¿qué pretendió hacer Jesús aquel día en el Templo? Lo convirtió en un lugar para sus enseñanzas (19,47): a partir de ese momento aparecerá Jesús enseñando en el Templo (20,1; 21,37-38; 22,53). Y por eso es que decidieron matarlo.

30 J U A N 11, ,13-22

31 Juan da una explicación diferente de los sinópticos: lo que provocó la muerte de Jesús fue el haber resucitado a Lázaro (Jn 11,45-54). La resurrección de Lázaro es el último milagro que Jesús realiza en el cuarto Evangelio. Curó: un niño con fiebre (4,52), un paralíti­co que llevaba 38 años enfermo (5,5), un ciego de nacimiento (9,32). Con este milagro, Juan presenta a Jesús con el poder de dar la Vida a los muertos; Él es la resurrección (11,25-26). Las autoridades no pueden tolerar más y deciden matarlo (11,45-53).

32 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

33 Jesús quiere hacer es eli­minar el Templo, y reemplazarlo por su persona. Además de ahuyentar palomas (sinópticos), dice que echó afuera bueyes y ovejas. Eran los ani­ males empleados como sacrificios en el Templo, y al venir ahora Jesús ya no hace falta más animales ni más sacrifi­cios. Dice Juan que cuando le preguntaron a Jesús por qué hacía eso él respondió: "Destruyan este Templo y yo lo levantaré en tres días". No sólo los sacrificios sino el mismo Templo ya no tienen sentido con la llegada de Jesús.

34 Marcos: Quiso abrir el Templo a los paganos. Mateo: Quiso purificarlo. Lucas: Convertirlo en lugar de enseñanza. Juan: Quiso eliminarlo.

35 ¿Quién es el que está en lo cierto? Todos. Jesús murió para que no hubiera excluidos (Marcos), para elimi­nar la impureza de las intenciones de los creyen­tes (Mateo), para que lo que enseñamos sea lo que vivi­mos (Lucas), para que consideremos a las personas como Templo de Dios, y no a los edificios (Juan). La muerte de Jesús fue un hecho tan inagotable en sus consecuencias, que aun no llegamos a desentrañarla del todo.

36 ¿De qué MURIÓ Jesús?

37 Cruz y/o piedras Un invento de los persas. Para ellos la tierra era sagrada, y por eso idearon esta forma de casti­go en la que el condenado estaba lejos del suelo, para no contaminarlo. De los persas, la crucifixión pasó a los fenicios. Y de ellos la aprendieron los romanos. La pena de muerte propia de los judíos era la lapidación, como vemos en el episodio de la adúltera (Jn 8,5); las veces que buscaron apedrearlo a Él mismo (Jn 10,31; 11,8); mataron a Esteban con piedras (Hch 7,59).

38 ¿Qué es lo que hacía tan terrible a la crucifixión? El condenado moría después de una lenta y espan­tosa asfixia. Al tener el crucificado sus brazos estirados al máximo y en tensión, los músculos del pecho conservaban el aire viciado dentro de los pulmones, y le impedían largarlo hacia afuera. Y de ese modo sufría el ahogo progresivo: como si lo hubieran ido estrangulando poco a poco.

39 Marcos, llegó "una banda con espadas y palos", que "se abalanzaron sobre él y lo arrestaron" (Mc 34,43.46). Fue llevado a la casa de Anás, y luego de un breve interrogatorio lo dejaron prisionero con un grupo de guardias hasta el día siguiente. Marcos, Mateo y Lucas describen entonces una serie de humillaciones que padeció Jesús: "Algunos empezaron a escupirlo, y, ta­pándole la cara, lo golpeaban mientras le decían «¡Adivi­ na!» Y los sirvientes le daban bofe­tadas" (Mc 14,65).

40 B U R L A Contra Flaco, 32-39, Filón Había un desequilibrado, llamado Carabas, cuya locura no era del tipo furioso y salvaje, que tan peligrosa resulta para los propios locos y para todo el que se les acerca, sino de ese otro estilo campechano y gracioso. Se pasaba el día y la noche desnudo por la calle, sin que le arredraran ni el frío ni el calor, haciéndose blanco de las burlas de los muchachos y la gente ociosa. Los sublevados arrastraron al pobre hombre al gimnasio y, colocándolo en un sitio elevado, donde todos pudieran verlo, pusieron sobre su cabeza una sábana de Biblos extendida a modo de tiara, y cubrieron el resto de su cuerpo con una estera a modo de manto real, mientras que otros, viendo un pedazo de papiro del país tirado en el arroyo, se lo pusieron en la mano a modo de cetro.

41 F i l ó n Mc.15,16-20 Y después de aquella farsa en que se le hacía entrega de las insignias reales y se le vestía como a un rey, unos cuantos jóvenes llevando mazas al hombro, cual si se tratara de una tropa de lanceros, se situaron a uno y otro lado de él, como si fueran su guardia. Otros se le acercaban luego como si quisieran saludarlo, o como si se presentaran pidiendo justicia, o para consultarle cuestiones de política. A continuación se levantó entre la muchedumbre que lo rodeaba un griterío tremendo, que lo proclamaba «Marín», título que, según dicen, utilizan en Siria para decir «señor». Pues todo el mundo sabía que Agripa era sirio de nacimiento y poseía una gran parte de ese país, de la cual era rey.

42 FLAGELAR La flagelación fue realizada en público (Mc 15,15-16), en una plaza lla­mada Gábata (arameo), Litóstrotos (griego), El Empedrado (castellano) (Jn 19,13). Luego de desnudar a Jesús, los romanos lo ataron con las manos en alto para que no pudiera cubrirse ninguna parte del cuerpo con los brazos, y para que en caso de shock no cayera al suelo. El instrumento utilizado para azotarlo era el "flagrum", un mango corto de madera, del que salían dos o tres correas de cuero de unos 50 centímetros de largo, y en cuyas puntas había dos bolitas de plomo que servían para arrancar pedacitos de carne con cada golpe.

43 ¿Cuántos latigazos recibió Jesús? Las autoridades judí­as solían castigar a los malhechores con un máximo de 39 azotes. Pablo, cuenta: "Cinco veces fui azotado por los judíos con los 39 azotes" (2 Cor 11,24). Pero Jesús fue flagelado por los roma­nos. Y como la costumbre romana no li­mitaba el número de azotes, debieron de golpearlo hasta que se cansaron. Sólo tuvieron que cuidar que no se les muriera para poder al­canzar a crucificarlo.

44 La flagelación no sólo dañó la parte externa de Jesús, sino también sus órganos internos. Los fuertes golpes en la zona renal y en el hígado provocaron sin duda la dis­ función de los riñones y una grave insuficiencia hepática. Y la nueva pérdida de sangre lo dejó materialmente sin fuerzas.

45 Mc.15,17, Mt.27,29 y Jn. 19,2 cuentan que los soldados romanos le pusie­ron a Jesús una CORONA DE ESPINAS EN LA CABEZA. Ésta consistía en un verdadero casco que recubría toda la parte superior de la cabeza, ya que ésa era la forma de las coronas orientales del siglo I.

46 Según el Evangelio "lo golpeaban con una caña en la cabeza" (Mt 27,30), cla­vándole más las espinas. La frente, las sienes y todo el cuero cabelludo constituyen una zona de nervios muy sensibles, cuyas afecciones neurálgicas son de las más dolorosas del cuerpo humano. Las decenas de puntas penetrando en su cabeza, algunas alcanzarían a llegar a los mismos huesos del cráneo. Aquellas espinas fueron clavadas, re­machadas y frotadas una y otra vez por los cabezazos que Jesús tuvo que haber dado mientras intentaba respirar colgado en la cruz.

47 Luego le cargaron a Jesús la cruz sobre la espalda para lle­varlo hasta el lugar del suplicio. Pero no toda la cruz, sino sólo el palo horizontal, "patibulum". Para ello le extendieron los brazos, le pusieron sobre los hombros el travesaño (40 kilos de peso), y se lo ataron a las muñecas y a los brazos. Con los brazos extendidos, el madero le impedía a Jesús protegerse en caso de que tropezara por el camino. Si Jesús cayó durante su marcha (no mencionan los Evangelios), debió haber estrellado el rostro contra el piso.

48 El trayecto recorrido por Jesús desde el Pretorio de Pilato (donde se dictó la sentencia de muerte) hasta el Gólgota (lugar donde lo crucificaron) fue de unos 500 me­tros. Durante todo el camino, la áspera y astillada made­ra que llevaba encima fue destrozando los tejidos de la espalda y provocando excoriaciones en sus hombros, to­talmente cubiertos ya de heridas por la flagelación, y que ahora se reabrían y ahondaban a cada paso que daba.

49 Llegados al lugar del tormento, los Evangelios dicen: "Y lo crucificaron. Jesús fue crucifica­do desnudo. Había dos maneras de crucificar a un condenado: atán­dole los brazos con cuerdas, o clavándolo con clavos. De cualquiera de las dos formas el reo moría asfixiado. Lo más sencillo era la crucifixión con cuerdas. Pedro, fue atado con cuerdas, según Juan: "Cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te atará (a la cruz) y te llevará a donde tú no quieras (o sea, a la muer­te)" (21,18).

50 Yehojanán

51 Jesús fue crucificado con clavos. Juan afirma que cuando los apóstoles le contaron a Tomás que se había aparecido Jesús resucita­ do, aquél exclamó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto mi dedo en el agujero de los clavos... no creeré" (20,25). Y lo mismo Lucas (24,39).

52 Los romanos nunca introducían los clavos en las pal­mas de las manos. Porque sabían que el blando tejido mus­cular de las palmas no hubiera soportado el peso del cuer­po y éste se habría caído de la cruz. El clavo en el pulso, donde se flexiona la muñeca, hallarían un conglomerado de huesillos fuertes y resistentes, capaces de sostener un peso grande. Y ahí fue donde lo clavaron. Al entrar el clavo en el pulso, debió tocar el nervio mediano, uno de los más sensibles de nuestro cuerpo, lo que le provocó a Jesús un tremendo dolor.

53 Cuando las muñecas de Jesús quedaron sujetas al palo horizontal, lo hicieron caminar hacia atrás y, lo alzaron y en­ samblaron el travesaño sobre la estaca vertical, no muy alta, que ya estaba puesta en tierra. Una vez así colgado, le clavaron los pies, haciendo entrar el clavo entre los huesos metatarsales segundo y tercero. La operación era sencilla que bastaba un solo golpe de martillo. Pero el dolor que provocaba era terrible.

54 En esta rígida postura, la asfixia le sobrevino rápida­mente a Jesús. Para poder descomprimir el ahogo tenía que aliviar la tracción de los brazos. Pero ¿cómo hacerlo? Había una manera: utilizando sus pies como punto de apoyo, podía elevar un poco el cuerpo, aflojar la presión de las manos, y respirar por un momento. Pero el dolor provocado por el clavo del pie en el que se apoyaba era tan grande que lo obligaba a soltarse otra vez. Lo cual le causaba un nuevo ataque de asfixia.

55 El tiempo de la duración de Jesús en la cruz depen­día de cuánto resistía en esta tarea de levantarse para res­pirar y volverse a abatir. Si en vez de un clavo, a un con­denado le ponían una madera para apoyar los pies, la espantosa agonía podía prolongarse durante varios días. Y al revés: cuando querían que un condenado muriera rá­pidamente, le quebraban las piernas; de ese modo el cru­cificado no podía ya apoyarse para respirar y la muerte le sobrevenía a los pocos minutos.

56 El gran agotamiento físico que tenía Jesús hizo que su agonía no durara mucho tiempo. Sólo tres horas. Por eso cuando una delegación judía fue a pedirle a Pilato que quebrara las piernas a los tres crucificados para que mu­rieran rápido y pudieran retirar sus cuerpos (pues iba a comenzar la fiesta del sábado y no querían que semejan­te espectáculo afeara su celebración), los soldados sólo quebraron las piernas a los dos ladrones. A Jesús no le hizo falta, porque ya estaba muerto.

57 Juan anota aquí un detalle: un guardia, para cerciorarse de la muerte de Jesús, le atrave­só el costado con una lanza, "y al instante salió sangre y agua" (Jn 19,34). Siempre se pensó que el detalle de la sangre y el agua no era real, sino un simbolismo creado por el evangelista para dejar algún mensaje. Primero, por­que los cadáveres no pueden sangrar ya que el corazón ha dejado de bombear sangre. Y segundo, por la extraña afirmación de que brotó también agua.

58 Pero hoy los estudios médicos han confirmado el testi­monio de Juan. Según éstos, la flagelación que sufrió Jesús horas antes de su muerte debió producir una hemorragia en la cavidad pleural, entre las costillas y los pulmones. Y el fluido hemorrágico pudo separarse en dos elementos: un líquido seroso y claro, más liviano, arriba, y otro de color rojo oscuro, más pesado, abajo. La postura rígida del cuer­po en la cruz favoreció esta separación. Por lo tanto, una lanzada no muy fuerte pudo sin duda abrir la cavidad pleu­ral de manera que brotaran, sin mezclarse, los dos elemen­tos de la hemorragia, es decir, la "sangre" y el "agua".

59 Que lo de la sangre y el agua haya sido real no impide que el evangelista lo haya contado con un sentido simbó­lico, es decir, para dejarnos un mensaje. Con este último detalle los Evangelios cierran el relato de la crucifixión del Señor. "Y lo crucificaron". Eso es todo lo que dicen los Evan­gelios del suplicio que padeció Jesús. No cuentan la escena, ni la describen, ni dan detalles. Sin embargo los estudios históricos nos ayudan a tomar conciencia de cuánta tortura hay apretada en esta sola palabra.

60 ¿Cómo fue su ENTIERRO?

61 ROMANOS. El cadáver de un castigado a la pena capital solía ser entregado a sus parientes para una digna sepultura. Pero si se trataba de un condenado por razones políticas, la práctica cambiaba. Su cadáver era dejado expuesto y sin enterrar, para que las aves y los animales salvajes lo des­ pedazaran y se lo comieran. Por eso resulta poco proba­ble que, en el caso de Jesús, muerto por proclamarse "rey de los judíos", Pilato hubiera entregado su cadáver justa­mente a sus seguidores para que lo enterraran con todos los honores. Quizás a sus familiares sí lo habría entrega­do, pero según los Evangelios ningún pariente de Jesús se presentó solicitando el cuerpo.

62 JUDÍOS La Ley de Moisés (Deut 21,22-23) ordenaba que ningún cadáver debía permanecer expues­to durante la noche, sino que debía ser sepultado ese mismo día para no contaminar la tierra. Flavio Josefo cuenta que los judíos respetaban tanto esta ley, que pro­curaban enterrar antes del anochecer incluso a los conde­nados a muerte, a los suicidas y hasta a sus propios ene­migos.

63 JOSÉ DE ARIMATEA, un ilustre consejero Autobiografía LXXV Cuando... vi a muchos prisioneros crucificados y reconocí a tres que me eran muy allegados, me dolió el alma y, acercándome a Tito, se lo dije llorando. Él ordenó inmediatamente que fueran descolgados y que se les procuraran los mayores cuidados para su total restablecimiento; dos de ellos murieron estando aún convalecientes, pero el tercero sobrevivió.

64 M A R C O S (15,42-47)

65 Mc.15,42-47MtLcJn Y ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo. Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto.

66 Marcos (Mc 15,42-47). Comienza presentando al respon­sable de la sepultura: José de Arimatea, y lo primero que nos dice es que era un "miembro respetable del Consejo« (El Sanedrín, órgano de go­ bierno judío). Como Marcos había dicho antes "todo el Sanedrín" lo había entregado a Pilato para que lo matara (Mc 15,1). Se trata de alguien opuesto a Jesús. Marcos dice que José de Arimatea "esperaba también el Reino de Dios". También los judíos espera­ban el Reino de Dios. Una vez, a un escriba judío que no era su seguidor, Jesús le dijo: "no estás lejos del Reino de Dios" (Mc 12,34).

67 ¿Pero por qué un judío piadoso y observante de la Ley iba a querer enterrar el cadáver de un blasfemo crucifica­do? Justamente para cumplir la Ley de Dios. Ya vimos cómo el Deuteronomio ordenaba que el cadáver de un muerto no debía quedar en la cruz después del atardecer. Teniendo en cuenta que al día siguiente era sábado (Mc 15,42). Se trataba, pues, de una obra buena que el ferviente judío quiso realizar. Marcos continúa diciendo que José de Arimatea "tuvo la valentía" de entrar donde Pilato y pedir el cuerpo de Jesús. Al pedir el cuerpo de un cruci­ficado por traición, podía acarrear las sospechas sobre el mismo José. Aunque el hecho de ser un miembro del Sanedrín lo libraba en parte de tales sospechas.

68 ¿CÓMO LO ENTERRÓ? Sabemos que los judíos distinguían dos clases de sepultura. Una honorable, para todos los que habían vivido de un modo digno y noble. En este caso se incluía una serie de ritos: lavaban el cadáver, lo ungían con aceite, lo untaban con perfumes y mirra, lo vestían con cui­dado, peinaban su cabello, cerraban sus ojos, cubrían su cabeza con un velo y ataban el mentón con un sudario.

69 La otra, deshonrosa, para los delincuentes, pecadores y cuan­tos morían de manera innoble. Éstos eran echados en fosas comunes (no en una tumba familiar), pero no mezclados con otros cuerpos, porque una vez que el cadá­ver se desintegraba los huesos eran entregados a sus fami­lias. La sepultura deshonrosa y la fosa común aparecen va­rias veces mencionadas en la Biblia (1 Re 13,21-22; 2 Re 23,6; Jer 22,18- 19; 26,23; Mt 27,7-8).

70 ¿Qué tipo de sepultura recibió Jesús? La costumbre judía era que los condenados por haber viola­do la Ley no recibieran una sepultura honrosa. Marcos no menciona el lavado del cuerpo de Jesús, ni la unción con aceites, ni ningún otro rito (en 16,1 que el domingo de Pascua las mu­jeres fueron a la tumba para ungir el cuerpo con perfu­mes). Sólo dice que José, después de comprar una sábana y descolgar el cuerpo de la cruz, "lo envolvió en la sába­na". El verbo empleado aquí por Marcos (eneiléo, envol­ver) es vulgar, y describe el acto más elemental y simple que pudo haber hecho José, de enrollar el cuerpo.

71 Dice Marcos que "lo puso en un sepulcro que estaba excavado en la roca". Cerca del lugar de la crucifixión debió haber habido algunas grutas que se em­pleaban como tumbas para los criminales que eran con­ denados a muerte en aquel sitio. En una de esas grutas, el piadoso judío José puso el cuerpo de Jesús, para que su cadáver no permaneciera insepulto el atardecer de aquel viernes.

72 Marcos cuenta, y es que las mujeres seguidoras de Jesús sólo miraban de lejos dónde ponía José el cuerpo, pero no colaboraron para nada en el entierro (Mc 15,47). Era un miembro del Sanedrín, responsable de la muerte de Jesús, que sólo enterró su cuerpo por ra­zones legales, se entiende la falta de colaboración con él de aquellas piadosas mujeres. Además, la versión del entierro que trae Marcos coin­cide con el relato, también muy antiguo, del libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pablo dice en uno de sus discursos: "Los habitantes de Jerusalén y sus jefes... sin hallar en él ningún motivo de muerte, pidieron a Pilato que lo matara; lo bajaron del madero y lo sepulta­ron" (Hch 13,27-29). Aquí también se dice que los que mataron a Jesús (sus enemigos) fueron los que lo ente­rraron.

73 M A T E O (27,57-61)

74 MarcosMt.27,57-61Lc.Jn miembro respetable del Consejo, esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. José, comprando una sábana, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca. María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto. Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo cubrió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

75 Mateo, al presentar a José de Arimatea dice que era "DISCÍPULO de Jesús". Así, el entierro de Jesús no queda en manos de sus enemigos sino de un fiel seguidor. Mateo agrega que José era "un hombre RICO". Resulta difícil imaginar que Jesús, durante su vida, haya te­nido un discípulo rico: Él exigía el abandono de las rique­zas, y decía que era difícil para un rico entrar en el Reino de Dios.

76 ¿Por qué Mateo presenta a José como un hombre rico? Probablemente en la comunidad de Mateo había gente rica. Su Evangelio menciona cantidades abultadas de dinero como los talen­tos (nadie más menciona), monedas de oro y plata (no figuran en los otros Evangelios), no trae la maldición de Jesús contra los ricos (Lc 6,24), ni la prohibi­ción de invitar a una fiesta a los vecinos ricos (Lc 14,12), ni la parábola del rico insensato (Lc 12,16-21), ni la del rico epulón (Lc 16,1-13). Mateo debió pensar que José podía servir muy bien como modelo de discípulo rico, capaz de poner su riqueza al servicio del Maestro.

77 Dice Mateo que el cristiano José pidió a Pilato el cuerpo de Jesús, y que éste se lo entregó. Aquí la versión de Mateo resulta poco creíble. Es difícil que el prefecto romano en­tregara el cuerpo de alguien crucificado como Rey de los judíos a un partidario suyo.

78 Mateo relata la sepultura de una manera más digna que la de Marcos, propia de un discípulo que se des­pide de su maestro. No dice, como Marcos, que José "des­colgó" el cadáver de la cruz, lo cual es algo tosco, sino que los soldados lo bajaron y se lo entregaron casi como una ofrenda, y José "lo tomó". Tampoco dice que "compró una sábana" a las apuradas, sino que ya la tenía prepara­da. Y no se trata de cualquier sábana, sino de una "sába­na limpia". Y no lo "envolvió" a Jesús, sino que lo "cubrió" (entylísso, mucho más elegante).

79 José puso el cuerpo en una tumba. Pero Mateo agrega dos novedades: la tumba era "suya" (de José), y era "nueva". Dos características que hacen más honorable la sepultura de Jesús, pero difícilmente creí­bles. ¿Cómo un hombre rico tendría su tumba familiar en las inmediaciones de un lugar donde se ejecutaba públi­camente a los criminales? Las mujeres discípulas que contem­plaban de lejos la sepultura sin ayudar, tampoco encaja bien con la versión mateana de un José de Arimatea discí­pulo de Jesús.

80 L U C A S (23,50-53)

81 MarcosMateoLc.20,50-53Jn miembro respetable del Consejo, esperaba también el Reino de Dios, tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. José, comprando una sábana, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca. María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto. hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo cubrió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.

82 Lucas, describe a José de Arimatea como un "hombre bueno y justo"; destaca ante todo sus cualidades morales y espiri­tuales. A Lucas, le gusta presentar a sus personajes por sus rasgos interio­res. Para Lucas, José es judío y miembro del Sanedrín. ¿Pero cómo un judío, miembro del tribunal que condenó a Jesús, ser bueno y justo? Lucas afirma, que él "no había estado de acuerdo con la decisión y el proceder de los demás". Esfuerzo del evangelista por salvar la figura de José, aunque poco coherente, un momento antes dijo que "todo" el Sanedrín había condenado a Jesús (Lc 22,70-71) y que "todo" el Sanedrín lo había llevado ante Pilato para que lo matara (Lc 23,1).

83 En Lucas, José no es discípulo de Jesús sino un piadoso judío, miembro del Sanedrín, pero que por no haber estado de acuerdo con los demás integrantes, se presentó para enterrar a Jesús por respeto y compasión hacia el noble galileo condenado injustamente.

84 J U A N (19,38-42)

85 MarcosMateoLucasJn. (19,38-42) Miembro del Consejo, esperaba el Reino de Dios, tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. José, comprando una sábana, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca. María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto. Rico de Arimatea, se había hecho discípulo de Jesús. A Pilato pidió el cuerpo de Jesús. Pilato dio orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo cubrió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca. Estaban María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. A Pilato pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

86 Juan: el entierro más so­lemne y espléndido de todos. Como Mateo, dice que José de Arimatea era discípulo de Jesús, aunque "en secreto por miedo a los judíos". Pero cuenta algo que ningún evangelista había dicho: que con José "fue tam­bién Nicodemo". Éste era un importante maestro judío, miembro del Sanedrín (Jn 3,1) pero admirador y partidario de Jesús (Jn 7,50-52). O sea que Juan coloca dos enterra­dores: al cristiano José y al judío Nicodemo.

87 Nicodemo se presentó llevando una mezcla de mirra y áloe, dos pol­vos aromáticos que los judíos ponían junto a los cadáve­res para disimular el olor a descomposición. Juan dice que Nicodemo llevó 45 kilos de especies. Una cifra desorbitada que; además, es imposible que Nicodemo hubiera podido venir cargando todo eso. Lo que Juan describe aquí es el entierro de un rey. Sabemos que cuando murió el rey Herodes se emplearon 500 esclavos para car­gar los aromas de sus exequias; y cuando murió el rabino Gamaliel el Viejo, se quemaron 40 kilos de esencias en su funeral. Si en la cruz habían puesto un cartel que lo proclamaba como "Rey de los judíos" (Jn 19,19-20), debía recibir un sepelio acorde con su rango.

88 Tomaron el cuerpo de Jesús y "lo envolvieron con vendas" (no sólo con una sábana), agregaron los aro­ mas, y realizaron todos los ritos necesarios "según la cos­tumbre judía de sepultura", es decir, con la minuciosa per­fección de los fariseos. Terminada la tarea deposita­ron el cuerpo en una tumba nueva que había "en un jar­dín". Se trata de otro detalle simbólico de Juan. Los reyes de Judá eran sepultados en un jardín (2 Re 21,18.26), y el rey David yacía en una tumba de un jardín (Neh 3,16, según la versión de los Setenta). El "rey de los judíos", hijo de David, también debía descansar en un jardín. Jesús tuvo un entierro magnífico, digno de un rey.


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