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LA FORTALEZA. El Espíritu nos muestra la dirección de nuestra vida. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora hay que hacerlo; necesitamos el don de fortaleza.

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1 LA FORTALEZA

2 El Espíritu nos muestra la dirección de nuestra vida. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora hay que hacerlo; necesitamos el don de fortaleza. La fuerza, el valor, la constancia, la perseverancia. Ese es el don de fortaleza.

3 No nos gusta comprometernos a algo que ha de durar. No falta generosidad, y los jóvenes de hoy se ofrecen valientes para ir a trabajar. Pero es sólo por una temporada, por unos años, por una etapa. Después, ya veré... Mientras tanto, otra experiencia, otra temporada. Se hace el bien a muchos, se forma uno así mismo. Pero es sólo una etapa.

4 «El amor es fuerte como la muerte», dijo el libro que más sabe de amor en la Biblia, el Cantar de los Cantares, y ésa es su esencia y su verdad. El amor verdadero, sea entre hombre y mujer o sea entre el alma y su Dios, es fuerte como la muerte y hasta la muerte. Y si no, no es amor y hay quienes ahora quieren hacerlo débil como la moda. El amor es fuerte, y por eso el don de fortaleza es el don de amar.

5 Se usa mucho ahora la palabra «compromiso». Compromiso político, religioso, social... Es palabra joven, cargada de energía. Nos gusta pronunciarla en todos los contextos, echarla por delante en conferencias y diálogos y discusiones y encuentros. Vivimos en una sociedad en la que todos hablan de compromiso y a pocas personas nos gusta comprometernos.

6 Hay quienes consideran el don de fortaleza como una gracia especial para momentos heroicos: el don del martirio, de resistir tentaciones violentas, de abrazar sufrimientos extraordinarios. Verdad es que todos necesitamos ayuda especial en esas crisis. Pero el don de fortaleza no es sólo para ocasiones extraordinarias, es para todas las ocasiones y todas las horas.

7 Hay días cargados de dolor en la vida en los que parece imposible seguir andando, y más sin saber hasta cuándo, sin saber por dónde. «¡Basta ya, Señor. Llévate mi vida...». Si hasta un profeta, y un profeta como Elías, pierde el ánimo de vivir, ¿qué no nos pasará a los demás en nuestros propios desiertos de humano desaliento?

8 También nosotros necesitamos la mano del ángel, la hogaza de pan y el jarro de agua. El don de fortaleza. «Elías se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb».

9 Rabindranath Tagore, en sus charlas de reflexión religiosa, dice que todos deberíamos tener un camello en nuestros establos. No basta con caballos. Los caballos nos sirven para pasear y galopar, para jugar y hacer carreras; pero no valen para cruzar el desierto. Si llevamos un caballo al desierto, correrá primero, sí, volará, avanzará, se adentrará en la arena brillante y llegará lejos en poco tiempo.

10 Pero pronto el calor lo sofocará, las arenas quemarán su paso, el horizonte nublará su vista, y tropezará y caerá, dejando su vida y su jinete a merced de las dunas funerarias. En cambio, el camello entrará con pie firme en la arena hostil, avanzará con paso igual y dirección segura, aguantará distancias sin comida, sin bebida, sin que le digan nada ni lo dirijan, y llegará a su tiempo a la orilla que él conoce bien, poniendo a salvo a quien se había confiado a él.

11 La vida es desierto, y para cruzarla necesitamos la perseverancia, la tenacidad, la fortaleza de la cabalgadura del desierto.

12 Lo que más nos impide recorrer el camino es el sospechar que no vamos a poder aceptarlo, que va a ser muy difícil, que es mejor evitarlo; y así, para no tener que caminar por él, comenzamos por no verlo. El miedo es el peor consejero, y todos tenemos miedo.

13 Los salmos y los profetas repiten la confianza del creyente, que es la que le da claridad en el alma y ánimo en la adversidad: «El Señor es mi fortaleza».

14 Pablo va más lejos: «Mi debilidad es mi fortaleza». Es decir, la condición para que el poder de Dios venga y actúe en mí es que yo sepa y admita que mis fuerzas aisladas no me valen. «Sin mí no pueden hacer nada».


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