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El domingo es un d í a se ñ alado en el ritmo de nuestra rutinaria vida. Es el d í a de descanso, d í a de fiesta, d í a de familia. Para los cristianos.

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4 El domingo es un d í a se ñ alado en el ritmo de nuestra rutinaria vida. Es el d í a de descanso, d í a de fiesta, d í a de familia. Para los cristianos es el d í a de encuentro entre nosotros, como manifestaci ó n de nuestra fe y de encuentro con el Se ñ or para hablarle en la oraci ó n, darle gracias en el Eucarist í a, y escuchar su Palabra.

5 En definitiva, es « día de fiesta » a la que el Se ñ or nos invita a su casa y a su mesa y que nosotros hemos aceptado, pero otros muchos -como nos dir á en el Evangelio de hoy- no acogen la invitaci ó n y se marchan a sus tierras o a sus negocios. Al igual que cuando vamos invitados a una fiesta, a una casa o a una mesa, nos preparamos debidamente para no desentonar en ella, tambi é n aqu í nos preparamos para acoger la Palabra de Dios y para alcanzar su misericordia.

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7 Espíritu Santo, ven a acompa ñ arnos para que nuestra Iglesia no cese nunca de convertirse bajo tu impulso y se identifique cada d í a m á s con el Evangelio de Jes ú s… Que nosotros no rechacemos la invitaci ó n de Dios a acercarnos y escuchar su Palabra, y trabajar por el Reino, sino que con nuestras obras y palabras demos testimonio de nuestra fe y ejemplo de nuestra esperanza.

8 Ven, Espíritu Santo, ilumina nuestra mente, ilumina nuestra mente, nuestro corazón y nuestra voluntad, para que podamos comprender, aceptar y vivir aceptar y vivir la Palabra de Dios. Amén.

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11 El profeta anuncia la futura intervenci ó n salvadora de Dios para con su pueblo: Dios prepara un banquete festivo al que invitar á a todos. Adem á s, Dios no quiere nada oculto (" arrancará el velo que cubre a los pueblos "), ni la muerte (" aniquilaré la muerte para siempre "), ni la tristeza ( "enjugará mas de todos los rostros "), ni las humillaciones (" el oprobio de su o alejará del país "). Realmente es un panorama optimista para el futuro de su pueblo, que puede gozarse de esa cercan í a amorosa de Dios: " aquí está nuestro Dios... nos y gocemos con su salvación ".

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13 Estamos ante uno de los salmos m á s bellos. Ha sido muy comentado por los Padres de la Iglesia, especialmente en las catequesis sacramentales. Es tambi é n muy apreciado por los autores de « Uno de los más refinados textos del salterio » (L. Sabourin). « Una de las oraciones más piadosas del Antiguo Testamento » (G. Closen). « La perla del salterio, en la que se abrazan la piedad y la poesía; dulzura y espiritualidad insuperables » (Spurgeon). « Uno de los más graciosos idilios religiosos... semejante a un fresco riachuelo que se desliza sobre la arena dorada por un rayo de sol " (Brillet).

14 Es un salmo de confianza donde domina un tono sereno apenas turbado por una referencia pasajera al enemigo. Salmo muy propio para ser contemplado. « En verdes praderas me hace recostar » A la sensaci ó n de plenitud sigue una grata experiencia de bienestar. Despu é s de un camino á rido, seco, polvoriento en el que se han cansado los pies de caminar y los ojos de mirar, la mera contemplaci ó n de una pradera llena de verdor, relaja y tonifica.

15 En Palestina son raros los pastos verdes. Est á n perdidos entre las estepas desnudas y colinas rocosas. El encuentro con la hierba es emocionante. La vista se relaja, se recrea. Pero la hierba no s ó lo se le ofrece para que la disfrute con los ojos, sino con todo el cuerpo. Todos recordamos experiencias de tumbarse en la hierba. La tierra se torna maternal. Es la madre tierra la que me ofrece su regazo acogedor. Y esa tierra maternal es Dios. Orar es descansar en Dios.

16 « Me conduce hacia fuentes tranquilas » : el encuentro con el agua en u n pa í s tan des é rtico no deja de ser un acontecimiento. No s ó lo te quita la sed tras la caminata, sino que te devuelve el respiro y las fuerzas desgastadas por la deshidrataci ó n de los tejidos. « Aguas tranquilas » : para distinguirlas de las aguas torrenciales, propensas a desbordamientos inesperados..., aguas peligrosas que dan miedo.

17 Aqu í el agua es tranquila. Brota de un manantial y se remansa en una balsa transparente. El agua no s ó lo nos entra por la boca, la garganta, sino por toda la piel. Yo me puedo ba ñ ar en ella. Dios aparece, de nuevo, como experiencia gratificante. " En Él vivimos, nos movemos y existimos " (Hch. 17,28). El salmo parece contagiarse de esta alegr í a del profeta: « habitaré en la casa del Señor por años sin término ». Es el salmo del pastor, Dios, que cuida de nosotros y nos protege en todo momento: « preparas una mesa ante mí... y mi copa rebosa... Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los mi vida ». Aqu í el agua es tranquila. Brota de un manantial y se remansa en una balsa transparente. El agua no s ó lo nos entra por la boca, la garganta, sino por toda la piel. Yo me puedo ba ñ ar en ella. Dios aparece, de nuevo, como experiencia gratificante. " En Él vivimos, nos movemos y existimos " (Hch. 17,28). El salmo parece contagiarse de esta alegr í a del profeta: « habitaré en la casa del Señor por años sin término ». Es el salmo del pastor, Dios, que cuida de nosotros y nos protege en todo momento: « preparas una mesa ante mí... y mi copa rebosa... Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los mi vida ».

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19 Al final de su carta, Pablo agradece a los Filipenses la ayuda material que le hab í an enviado a la c á rcel donde est á prisionero. A pesar de que afirma que ya a estas alturas é l est á hecho a todo, a " vivir en pobreza y en abundancia ", porque cuenta siempre con la ayuda de Dios ( todo puedo en aquel que me conforta "), Pablo agradece sinceramente esa ayuda: " hicieron bien en compartir mi tribulación ". Pide para ellos un abundante premio, que Dios se lo pague " con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús ".

20 La carta, y nuestra ú ltima lectura de la misma, termina con una solemne doxolog í a: « a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos ». La carta, y nuestra ú ltima lectura de la misma, termina con una solemne doxolog í a: « a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos ».

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23 1 Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló usando parábolas. 2 El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. 3 Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. 4 Entonces envió a otros sirvientes encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, mis mejores animales ya han sido degollados y todo está a punto; vengan a la boda. 5 Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su campo, el otro a su negocio; 6 otros agarraron a los sirvientes, los maltrataron y los mataron.

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25 13 Entonces el rey mandó a los guardias: Átenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 14 Porque son muchos los invitados pero pocos los elegidos.

26 La par á bola de hoy -los invitados que no quieren acudir al banquete del Rey y son sustituidos por otros que en principio no hab í an sido invitados-, insiste en las mismas ideas que hab í amos escuchado en domingos anteriores: el hijo que dijo « sí » pero no fue a trabajar, y los vi ñ adores homicidas. y los vi ñ adores homicidas.

27 Cuando la Palabra insiste en un mensaje no tendr í amos que tener nosotros reparo en seguir reflexionando sobre é l y aplic á rnoslo a nuestra vida. Aqu í se ve la denuncia de Jes ú s al pueblo elegido que no le reconoci ó como Mes í as y la afirmaci ó n de la universalidad de la salvaci ó n que ofrece Dios. Hoy, este mismo mensaje est á expresado con matices diferentes, con el simbolismo del banquete festivo al que nos invita Dios en los tiempos mesi á nicos. Una invitaci ó n que no deber í amos rechazar.

28 La tercera par á bola, despu é s de la del hijo que dijo « sí » y no fue a trabajar y los vi ñ adores homicidas, es la del banquete que ha preparado el Rey. Los invitados primeros, los jud í os, no quieren asistir, poniendo excusas varias. Mateo lo narra m á s simplificado, pero Lucas a ñ ade que uno hab í a.comprado unas tierras, otro unas yuntas de bueyes, y otro se acababa de casar. Lo decisivo deb í a ser que esos invitados no aceptaban al Rey, y por tanto tampoco su invitaci ó n. Algunos llegaron a maltratar y hasta a matar a los criados que les instaban a acudir al banquete.

29 Entonces el Rey, ante todo, castiga a los asesinos, y luego decide invitar a " todos los que encuentren en los cruces de los caminos". La par á bola tiene un ap é ndice -propio de Mateo- que puede parecer extra ñ o. El Rey ve a un invitado que no va vestido de fiesta, y lo manda expulsar y castigar. Porque " muchos son los llamados y pocos los escogidos ". Ciertamente este final no disminuye el mensaje principal y positivo: la invitaci ó n universal de Dios a la fiesta de su Hijo

30 (Suprimir este " apéndice " de la par á bola, que se podr í a considerar muy bien como otra par á bola, parece facilitar la aplicaci ó n homil é tica del mensaje, pero, en realidad, lo empobrece. Sin este final, parece que la par á bola se refiere s ó lo a los jud í os. Con é l, se ve mejor que Mateo lo incluye para los cristianos, o sea, para nosotros).

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32 Los planes de Dios son planes de vida y felicidad son planes de vida y felicidad El gozoso anuncio de Isa í as va tambi é n para todos nosotros, generaci ó n tras generaci ó n: Dios tiene planes de felicidad y salvaci ó n, expresados por una serie de s í mbolos a cual m á s optimistas. El cuadro que describe el profeta es en verdad ideal y maravilloso: un banquete con toda clase de manjares y bebidas, la victoria sobre la muerte, el final de las l á grimas y sufrimientos. Dios es un Dios de vida, y no puede permitir que sus creaturas tengan como destino final la muerte ni la m á s, este plan de Dios es " para todos los pueblos ", como dice Isa í as. Los planes de Dios son planes de vida y felicidad son planes de vida y felicidad El gozoso anuncio de Isa í as va tambi é n para todos nosotros, generaci ó n tras generaci ó n: Dios tiene planes de felicidad y salvaci ó n, expresados por una serie de s í mbolos a cual m á s optimistas. El cuadro que describe el profeta es en verdad ideal y maravilloso: un banquete con toda clase de manjares y bebidas, la victoria sobre la muerte, el final de las l á grimas y sufrimientos. Dios es un Dios de vida, y no puede permitir que sus creaturas tengan como destino final la muerte ni la m á s, este plan de Dios es " para todos los pueblos ", como dice Isa í as.

33 Tambi é n en la par á bola de Jes ú s aparece, y con insistencia, esta voluntad salvadora y positiva de Dios. Dif í cilmente un rey humano hubiera repetido su invitaci ó n una y otra vez a los invitados que le hac í an ese desaire. Pero Dios, s í. " La mesa está servida ". Pod í a haber a ñ adido, como har á el Apocalipsis: " y la esposa ya está engalanada ". Inviten a todos los que encuentren en la plaza o en los caminos.

34 Cuando los profetas, o el mismo Jes ú s, quieren describirnos c ó mo es el Reino que Dios nos prepara, recurren a un simbolismo bien positivo y gozoso: una comida con buenos manjares y bebidas, la comida festiva de la boda. ¿ Presentamos nosotros as í de positivo y gozoso el cristianismo?, ¿ lo hemos convertido en una serie de verdades a creer o de normas a cumplir o de estructuras a respetar? ¿ Hablamos preferentemente del amor de la misericordia de Dios o insistimos m á s bien en su justicia, que tambi é n es real?

35 Las lecciones de Pablo En este ú ltimo pasaje de la carta a los Filipenses, Pablo nos da unas lecciones que parecen sencillas, pero que son densas en contenido y actuales tambi é n para nosotros. Por ejemplo, agradece la ayuda que los cristianos de Filipos le han enviado por medio de Epafrodito cuando é l estaba en un momento de absoluta pobreza, en la c á rcel, y pide a Dios que les premie con creces su delicadeza. Tambi é n nosotros, en nuestra vida de cada d í a, deber í amos saber agradecer los favores que nos hacen los dem á s, sobre todo cuando estamos en momentos cr í ticos como en la enfermedad o incluso en la c á rcel.

36 Pablo no hab í a querido nunca aprovecharse de su ministerio para vivir a costa de la comunidad. Al contrario, ten í a a honra ganarse la vida con su trabajo personal. Tambi é n aqu í, desde la c á rcel, les confiesa a los Filipenses que se conforma con poco, que est á acostumbrado tanto a la pobreza como a la abundancia. Pablo se sent í a totalmente libre porque no lo pod í an acusar de intereses econ ó micos en su apostolado. Es una buena lecci ó n para todo cristiano, y m á s todav í a para los pastores que tienen la misi ó n de la evangelizaci ó n o de la autoridad en la comunidad, para que eviten todo af á n de dinero o todo signo de codicia o de ambici ó n.

37 Tambi é n nos da Pablo, aqu í y en toda su vida, una gran lecci ó n: para é l la clave de todo, lo que da sentido a toda su actuaci ó n, es Cristo Jes ú s. La uni ó n con el Resucitado es lo que le da fuerza en todo momento: " todo lo puedo en aquél que me conforta ", que es Cristo.

38 EI simbolismo del comer con y beber con comer con y beber con El banquete ha sido siempre una de las categor í as que mejor entendemos para expresar lo que hay de bueno y de festivo, tanto en relaci ó n con Dios como con los hombres. Es alimento y nutrici ó n, pero tambi é n es signo de comuni ó n y solidaridad entre los comensales y con el que invita (en este caso, el que invita es Dios).

39 Este lenguaje del comer con otros (" convivium ") y beber con otros ( symposium ") es uno de los que m á s universalmente se entiende en las relaciones humanas. Depende mucho de qu é calidad tienen los manjares y los vinos que se sirven, pero sobre todo depende del clima y de la comunicaci ó n que hay entre los comensales, sobre todo cuando celebran una fiesta familiar, o un encuentro de amigos, o una victoria deportiva o pol í tica, o un pacto comercial beneficioso para las dos partes

40 Por eso no nos extra ñ a que tambi é n en la Biblia se utilice para expresar los planes festivos de Dios. Isa í as anuncia que Dios, en los tiempos mesi á nicos, preparar á un gran banquete festivo, con manjares suculentos y vinos generosos. ¿ Qu é mejor met á fora pod í amos pedir para expresar la fiesta que Dios prepara?

41 Jes ú s aparece en el evangelio como una persona que come y bebe con los dem á s: con sus disc í pulos, en casa de Mateo o de Zaqueo o de L á zaro. Cuando describe el Reino que é l inaugurar á, recurre tambi é n a este lenguaje: el Reino es un banquete que Dios prepara. Puede servirnos de correctivo si tendemos a presentar el Evangelio s ó lo como exigencia y ascesis o deber: todo eso entra en el proyecto de Dios, pero fundamentalmente el Nuevo Testamento nos lo presenta como Buena Noticia, Evangelio, algo digno de celebrarse.

42 ¿ Se nos ocurre decir alguna vez, con las palabras de Isa í as, " aquí está nuestro Dios, celebremos y gocemos con su salvación "?, ¿ o preferimos un cristianismo triste, reducido a cuatro normas a cumplir resignadamente, cuando Dios lo ha pensado como una fiesta?

43 Aceptar la invitaci ó n Otro aspecto aparece hoy en las lecturas: el contraste entre Israel y los extranjeros. Es un drama antiguo. Los jud í os fueron los primeros invitados, los elegidos desde Abrah á n. Se puede decir que en la mesa de la fiesta sus nombres ya estaban puestos en los lugares asignados. Pero no supieron aprovechar ese privilegio, rechazaron a los profetas y tambi é n al Hijo que Dios les envi ó como Mes í as. No se quisieron « sentar a la mesa del Reino », y por eso los que eran « últimos », se les adelantaron entonces y se convirtieron en « primeros » Otro aspecto aparece hoy en las lecturas: el contraste entre Israel y los extranjeros. Es un drama antiguo. Los jud í os fueron los primeros invitados, los elegidos desde Abrah á n. Se puede decir que en la mesa de la fiesta sus nombres ya estaban puestos en los lugares asignados. Pero no supieron aprovechar ese privilegio, rechazaron a los profetas y tambi é n al Hijo que Dios les envi ó como Mes í as. No se quisieron « sentar a la mesa del Reino », y por eso los que eran « últimos », se les adelantaron entonces y se convirtieron en « primeros ».

44 ¿ Se refiere tal vez el vers í culo que habla del castigo de Dios (" envió sus tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad ") a la destrucci ó n de Jerusal é n el a ñ o 70 y a la admisi ó n de los pueblos paganos en la Iglesia? Los primeros destinatarios del banquete hab í an sido los jud í os, pero su rechazo mayoritario de la invitaci ó n hizo m á s l ó gica la admisi ó n en la Iglesia de todos los pueblos. Ya Jes ú s les hab í a dicho: « vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán en el Reino de los Cielos ; en cambio, a los ciudadanos del Reino los echarán fuera ».

45 Tambi é n nosotros podemos desaprovechar tantas ocasiones de gracia y de dones gratuitos y de invitaciones de Dios. O í mos tantas voces de profetas y pastores y de otros fieles que nos dan admirables testimonios, y no les hacemos ning ú n caso. Pasa la Cuaresma y la Pascua, y quedamos igual, sin crecer apenas en alegr í a y en vida. Pas ó el Jubileo del 2000 y tal vez quedamos igual, sin aceptar de Dios la amnist í a que nos ofrec í a ni ofrecerla nosotros a nadie a nuestro alrededor.

46 Llega el domingo, cuando el Resucitado nos quiere comunicar su alegr í a y su vitalidad, y nosotros nos entretenemos en mil cosas, seguramente m á s importantes, y no o í mos su invitaci ó n, y as í el domingo, con su reuni ó n comunitaria y su Palabra iluminadora y el alimento del Cuerpo y Sangre del Resucitado, no llega a ser, como estaba previsto por é l, motor y est í mulo para toda la semana.

47 ¿ O í mos con indiferencia -es de esperar que no con agresividad y violencia- a los « criados » o profetas que de parte de Dios nos anuncian la buena noticia de la invitaci ó n? ¿ O va s ó lo para los jud í os la queja de Jes ú s cuando dec í a: « Jerusalén, Jerusalén, ¡cuántas veces he querido reunir a tus hijos como gallina reúne a sus pollos bajo sus alas, y no habéis querido!» ?

48 En uno de sus chistes gr á ficos, Cort é s dibujaba a unos á ngeles que llevaban a la tierra sendas tarjetas de invitaci ó n a una boda. Un matrimonio les contest ó que no pod í an ir porque no conoc í an a los novios. Una religiosa, que no pod í a porque su superiora seguramente no le dejar í a ir a una boda. Al final, los á ngeles vuelven al cielo con las tarjetas, y Dios entonces comenta: « tal vez si les hubiera enviado la invitación a un funeral, hubieran aceptado todos ».

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50 Que la iglesia, Padre de bondad, siga invitando a todos los hombres y mujeres, de todos los lugares, y mujeres, de todos los lugares, a venir a tu Casa a sentarse a tu mesa como amigos. Te encomendamos a los que sufren, a los que pasan hambre o carecen de salud, para que alivies sus preocupaciones y necesidades, pero tambi é n sepan que en la pobreza o en la abundancia pueden gozar de tu amistad.

51 Oramos por quienes no aceptan tu invitaci ó n y se marchan a sus tierras y negocios para que lleguen a reconocer que « no sólo de pan vive el hombre, sino de la Palabra que viene de Ti. Concédenos que no desoigamos la invitación que nos haces y te respondamos con sinceridad y lealtad » Am é n.

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53 Es un honor no merecido ser in- vitados al banquete del señor. Nunca somos dignos de este don in efable. por eso nos asombra siempre y nos invita a ser conscientes de la gracia recibida y a no devaluarla. Es necesario estar siempre en actitud de asombro y acción de gracias porque el Señor nos favorece con su invitación. El abre las puertas de su fiestas para que entre todo el que quiera aceptar su oferta....

54 Pero vestidos de fiesta Es sorprendente el final de la par á bola: uno de los invitados no est á « vestido de fiesta ». La par á bola no indica en qu é consisti ó esa incorrecci ó n. Es de suponer que no se les pedir í a traje de ceremonia o de etiqueta, como se hace a ú n ahora en las ocasiones m á s solemnes de la vida social, porque aqu é llos fueron invitados gratuitamente y a toda prisa. O tal vez se les proporcionaba un vestido adecuado, o bien se les ped í a sencillamente un traje digno y limpio.

55 La intenci ó n de Mateo parece ser otra: es un aviso sobre nuestra actitud ante la invitaci ó n al Reino. Ser invitados al banquete festivo de las bodas del hijo del Rey, supone una coherencia con ese honor. No todos los que pertenecen a Israel, a la raza de Abrah á n, son dignos de ese honor. No todos los que pertenecen ahora a la Iglesia -Mateo escribe para la comunidad cristiana- son dignos de ese honor. Por el mero hecho de pertenecer a esta comunidad, no nos deber í amos sentir « seguros » de la salvaci ó n.

56 En la Iglesia, la nueva comunidad de Cristo, hay buenos y malos, gentes toda raza y condici ó n, trigo y ciza ñ a, peces buenos y malos, conforme a anteriores par á bolas de Jes ú s. Porque la salvaci ó n de Dios es universal. Pero aqu í Jes ú s exige que todos los invitados « vistan de fiesta » : que haya coherencia entre lo que creemos y nuestra vida, entre la fiesta a la que somos invitados en la Iglesia de Cristo y el estilo de vida que esto supone. Es una ense ñ anza que Jes ú s repite a menudo: « no todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad mi Padre » (Mt. 7, 21).

57 Las invitaciones de Dios a su fiesta son gozosas, pero tambi é n exigentes. No hay nada m á s exigente que la amistad y el amor y la fiesta. No basta ir bautizados, haber entrado en la sala del banquete, sino que nuestra actitud interior y exterior debe corresponder con esa dignidad de miembros de la familia de Dios: sentirse hijos en la casa de Dios, en la familia, alegr í a, confianza y llevar el g é nero de vida que Cristo nos ense ñó a sus seguidores. Supone « cambiar de vestido », de mentalidad, de costumbres, de estilo de vida. Por eso se entiende que Jes ú s comente al final que « son muchos los llamados y pocos los elegidos ". Como cuando afirm ó que la puerta que lleva a la salvaci ó n es estrecha, y pocos se deciden a entrar por ella (Mt 7, 13-14).

58 Lo que s í nos asegura Dios es su cercan í a y su ayuda: la ú ltima promesa de Jes ú s fue: « yo estaré con ustedes todos los días », y ya el salmo nos ha hecho alegrarnos porque « aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan ».

59 La Eucaristía, anticipo del banquete de bodas del Cordero. Antes de la Pascua, cuando iba a pasar a través de la muerte a la nueva vida de Resucitado, Jesús dejó a su comunidad un admirable sacramento, la Eucaristía.

60 En ella nos asegur ó que nos iba a dar siempre como alimento, hasta el fin de los tiempos, su propio Cuerpo y Sangre. Este s í que es el « convite festivo » al que nos sigue invitando a nosotros. El convite de su Palabra y de su Eucarist í a, en el ambiente de una comunidad cristiana reunida en su nombre. En el momento en que somos invitados a acercarnos a la comuni ó n sacramental, resuenan siempre unas palabras que hablan de bodas y de convite y de fiesta. La cita es del Apocalipsis: « han llegado las bodas del Cordero y su Esposa se ha engalanado... Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero » (Ap. 19).

61 En la traducci ó n castellana no se refleja toda la riqueza de esa perspectiva escatol ó gica. Al decir « dichosos los invitados a la cena del Señor», o «a esta mesa », no aparece que seamos invitados al banquete escatol ó gico de las bodas del Cordero con la Esposa, en el tiempo definitivo, sino que somos invitados a « esta Eucaristía » de hoy, lo cual tambi é n es gozoso, pero no expresa toda la intenci ó n del banquete definitivo y celeste.

62 Algunas preguntas para meditar duran te la semana 1.¿ Qu é excusas ponemos 1.¿ Qu é excusas ponemos para no sentarnos a la para no sentarnos a la Mesa del Reino? Mesa del Reino? 2. ¿ Hemos comprado campos, o unas yuntas campos, o unas yuntas de bueyes, o nos de bueyes, o nos hemos casado? hemos casado? 3. ¿ Tenemos tal vez mie- do de entender nues- do de entender nues- tra fe como un ban- tra fe como un ban- quete de bodas? quete de bodas?

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64 P. Carlos Pabón Cárdenas, eudista


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