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Una vez hace muchos años, existió una alegre, dulce y bromista niñita portuguesa, vivía en un pequeño pueblo del noroeste de Portugal, un pueblo lleno.

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Presentación del tema: "Una vez hace muchos años, existió una alegre, dulce y bromista niñita portuguesa, vivía en un pequeño pueblo del noroeste de Portugal, un pueblo lleno."— Transcripción de la presentación:

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3 Una vez hace muchos años, existió una alegre, dulce y bromista niñita portuguesa, vivía en un pequeño pueblo del noroeste de Portugal, un pueblo lleno de sol, de viñas y de verdes praderas que baña un río murmurador, tan alegre como la niñita campesina. Esta niña se llamaba Alejandrina María da Costa, nació el 30 de marzo de 1904, en la feligresía de Balasar, distrito de Braga, en el hermoso Portugal. Desde su nacimiento su vida está ligada a nuestro dulce Jesús, a Jesús Eucaristía, a Jesús Sacramentado. Alejandrina nace un Jueves Santo, día en que conmemoramos la Institución de la Eucaristía.

4 Le gustaba hacerle bromas a su hermana Deolinda, de naturaleza más tranquila, se levantaba antes que la hermana y aseguraba la puerta para que Deolinda no pudiese abrirla. Sintiéndose amada y consentida por la hermana, deja caer una cesta con ropa y se pone a gritar para hacerle creer que se pegó en la mano; la pobre hermana, llena de susto, corre presurosa a socorrerla, temiendo que se hubiera quedado con un dedo cortado... y la recibe la pequeñina con una carcajada...

5 Era una niña tan inquieta que no paraba en todo el día, ayudaba en los quehaceres del hogar, cortaba y guardaba la leña, iba al río a lavar la ropa, pues era limpia como un rayo de sol. Le gustaba subirse a los árboles y correr por los campos, cruzaba corriendo los arroyos, resbalaba en las piedras, ¡alegría de vivir! ¡alegría de amar! correr, saltar, siempre en movimiento, nada podía detenerla... Alejandrina era traviesa y vanidosa, pero bajo la acción de la gracia y de su esfuerzo personal, fue transformandolos en dos virtudes que brillaron en su vida:

6 La fortaleza de carácter y la nobleza de actitudes le permitió convertir esa vanidad infantil en virtudes que brillaban en ella, igual que sus vestidos siempre limpios y remendados, eran pobres, ¡pero brillaban más que el sol!... Ella nos dice: "Yo no me convenzo de que el Niño Jesús estuviera mal vestido ni sucio con una Madre como Nuestra Señora. Yo siempre quise hacerme santa, pero sería para mi un gran sacrificio si tuviese que ir por el camino con falta de limpieza. Pero el Señor, me parece, no quiere la falta de limpieza ni en el alma ni en el cuerpo; pobres sí, sucios no".

7 Comenzó a trabajar en el campo, pues gozaba de una constitución robusta: podía compararse con los hombres y ganaba lo mismo que ellos. La suya no fue una niñez muy movida: dotada de un temperamento feliz y comunicativo, era muy querida por sus compañeras. Pero a los doce años cayó enferma: una grave infección (tal vez una fiebre intestinal tifoidea) la puso a un paso de la muerte. Superó el peligro, pero su físico quedará marcado para siempre por este episodio. Fue a la edad de catorce años cuando sucedió un hecho decisivo para su vida. Era el Sábado Santo de 1918.

8 Aquel día, ella, su hermana Deolinda y una muchacha aprendiz, estaban ocupadas en su trabajo de costura, cuando se dieron cuenta de que tres hombres intentaban entrar en su habitación. A pesar de que las puertas estaban cerradas, los tres lograron forzarlas y entraron. Alexandrina, para salvar su pureza amenazada, no dudó en tirarse por la ventana, desde una altura de cuatro metros. Las consecuencias fueron terribles, aunque no inmediatas. En efecto, las diversas visitas médicas a las que tuvo que someterse diagnosticaron sucesivamente, cada vez con mayor claridad, un hecho irreversible.

9 A los 19 años Alejandrina queda paralizada para siempre. Al principio hizo promesas a Dios para obtener su curación... Pero al pasar el tiempo Alejandrina aceptó su destino con profundo amor a Dios, entregándose sin reservas a su Voluntad. Después comenzó a pedir el amor al sufrimiento. El Señor escuchó esta súplica de forma tal que Alejandrina experimentaba verdadera alegría cuando tenía dolores que ofrecer a Jesús, con el fin de consolarlo y salvar almas para Él. Tuvo este don en tal abundancia que "hoy -escribe- no cambiaría el sufrimiento por todo cuanto hay en el mundo".

10 Alejandrina se da cuenta después de tantas oraciones que no obtenía su salud, así fueron muriendo en ella los deseos de sanar, y siente crecer el ansia de amar el dolor y de pensar solamente en Dios. Alejandrina, la joven que quería dar su vida a Dios en las Misiones, aunque paralizada en el cuerpo, no quedó inmóvil entre las cuatro paredes de su cuarto, corrió deprisa y bien lejos a salvar las almas, con sus dolores terribles, causados por la enfermedad, por pruebas de distintas causas y por las mortificaciones que se imponía. Su Director encontró escrito por Alejandrina un bello canto a la Santísima Virgen:

11 "Oh Suave Melodía (María Santísima), consuelo de los pecadores, lleva mi alma a Jesús. Oh Virgen bendita, sé gracia, sé alivio, eres mi Madre y Madre de Jesús. Oh mi amada Madre del Cielo, presenta a nuestro Jesús en sus Sagrarios mis oraciones y convierte más eficaces mis pedidos. Oh Refugio de los pecadores, dile a Jesús que quiero ser santa".

12 Jesús la va guiando hacia su misión en la tierra: Jesús le pide una inmolación absoluta: vivir solamente de la Eucaristía, dejando de comer y beber por trece años y cuatro meses hasta su muerte. En todo ese tiempo Jesús le habla todos los viernes de 12 a 3 de la tarde en un éxtasis de amor. Jesús se queja del abandono de los hombres, de los pecados que cometen contra la sagrada Eucaristía, de los pecados que cometen contra su Madre Santísima; le pide que busque almas que hagan lo que ella hace y dediquen su vida a la reparación eucarística. Le pide que el Santo Padre consagre el mundo al Inmaculado Corazón de María, lo que hace el Papa Pío XII en 1942.

13 Alejandrina encuentra el consuelo y apoyo de su vida mártir en su Director Espiritual, un Salesiano, el Padre Humberto Pasquale, que comprende el tesoro espiritual que se encierra en Alejandrina. En 1944 se inscribe en la Asociación de Cooperadores Salesianos, llenando la vida de Alejandrina de amor, paz y apoyo irrestricto en los Salesianos, a los que les dedica tiernos pensamientos y les pide ayuda para atender las peticiones de los peregrinos que la visitan al final de su vida. Cientos y cientos cada día.

14 El diploma de Cooperadora, dado a Alejandrina el año de 1944, y que ella quiso colocar en un lugar donde estuviera siempre bajo su mirada, le fue dado con el fin de que pudiera gozar de todas las indulgencias y con su dolor y Alejandrina le dice a su Director Salesiano: su oración colaborara, unida a los Salesianos, en la salvación de las almas, sobre todo de los jóvenes y para que rezara y sufriera por la santificación de los Cooperadores de todo el mundo.

15 "Siento una gran unión con los Salesianos y con los Cooperadores del mundo entero. Cuando miro mi diploma de cooperadora ofrezco mis sufrimientos para la salvación de la juventud. Amo a la Congregación, los amo mucho y nunca los olvidaré ni en la tierra ni en el Cielo". A las ocho y veinte de la noche del 13 de octubre de 1955, aquel corazón que había palpitado solamente para amar, dejó de latir para siempre, quemado por el Amor, alzó el vuelo hasta su Señor. Alejandrina dejó un sello sobre su vida terrena y sobre su sepulcro:

16 "¡Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden servirles para salvarse, aproxímense, pasen sobre ellas, písenlas hasta que desaparezcan, pero no pequen más, no ofendan más a nuestro Jesús! ¡Pecadores, quisiera decirles tantas cosas! ¡No me alcanzaría este cementerio para escribir todas! ¡Conviértanse! ¡No ofendan más a Jesús, no quieran perderlo eternamente! ¡Él es tan bueno! ¡Basta de pecar! ¡Ámenlo! ¡Ámenlo!

17 Esta campesina linda y buena, supo aceptar la vida que le iba entregando el Señor, convirtiéndose en una de las almas más bellas que hayan existido en la tierra. Es nuestra Beata, es Salesiana, prometió no olvidarse de nosotros ni en la tierra ni en el Cielo. Pidámosle que interceda por nosotros. Imitemos su amor a Jesús Sacramentado y a la Santísima Virgen Auxiliadora. No nos olvidemos nosotros nunca de ella. Basado en el escrito de Yolanda Astrid Avilés Cooperadora Salesiana Presentación ppt Rudy Domínguez M. Salesiano Cooperador

18 "La santificación es un don y un desafío, de ahí, el indispensable recurso a la mortificación, o sea a la muerte de todo lo que cierra nuestro ser al don; todo cuanto en nosotros pone a Dios en un segundo puesto, no merece cuidado ni atención". Esta exhortación de nuestro Rector Mayor invitándonos a ser santos, la cumplió cabalmente y en todo momento de su vida la Beata Alejandrina María da Costa. Beatificada por Juan Pablo II el 25 de Abril del Su festividad la conmemoremos el 13 de octubre.


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