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En la muerte de Cristo descubren los creyentes la prueba definitiva del amor infinito del Padre hacia el mundo. He aquí la gran paradoja cristiana. A través.

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Presentación del tema: "En la muerte de Cristo descubren los creyentes la prueba definitiva del amor infinito del Padre hacia el mundo. He aquí la gran paradoja cristiana. A través."— Transcripción de la presentación:

1 En la muerte de Cristo descubren los creyentes la prueba definitiva del amor infinito del Padre hacia el mundo. He aquí la gran paradoja cristiana. A través de a pasión y muerte del Hijo de Dios nos llega la justificación de vida a todos los que éramos hijos de maldición. Ante los sufrimientos de Jesús, el corazón del cristiano adopta necesariamente una actitud penitencial. La cruz del Señor se levanta en medio de la Iglesia como el signo por excelencia de la salvación.

2 La fe en la cruz victoriosa es el fundamento de la esperanza y el acicate de una continua y profunda conversión interior. El vía crucis – devoción franciscana y hondamente arraigada en el alma del pueblo cristiano – surge del deseo de meditar y sentir auténticamente la pasión y muerte de Jesucristo.

3 El VÍA-CRUCIS es la Pasión franciscana llevada a todos por medio de la oración y meditación de las 14 estaciones que Cristo recorrió camino de la Cruz. Camina con Jesús, como el Cirineo, siente el peso del madero, que hace temblar tus hombros, tambalearse tus pies..., comparte, sufre, espera, asómbrate, VIVE, como Francisco, la PASIÓN que sólo tiene el amor de Dios.

4 PRIMERA ESTACIÓN: Jesús, condenado a muerte

5 Francisco, el pregonero de Dios, siguió las huellas de Cristo por el camino de innumerables contratiempos y enfermedades recias, pero no echó pie atrás hasta llevar a feliz término con toda perfección lo que con perfección había comenzado.... Comenzó a hablar con alegría al cuerpo: Alegría hermano cuerpo, y perdóname, que ya desde ahora condesciendo de buena gana al detalle de tus deseos y me apresuro a atender placentero tus quejas. Pero ¿qué podía deleitar a aquel cuerpecillo ya extenuado? ¿Qué podía darle consistencia, si iba desmoronándose por todas partes? Francisco estaba ya muerto al mundo y Cristo vivía en él. Los placeres del mundo le eran cruz, porque llevaba arraigada en el corazón la cruz de Cristo. Y por ello le brillaban las llagas al exterior – en la carne -, porque la cruz había echado muy hondas raíces dentro, en el alma. (2C. CLX – 211)

6 SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús carga con su cruz

7 Tomad vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos. Reparemos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; y por ello recibieron del Señor la vida sempiterna. Por ello es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor. (Adm. 6) Enséñanos, Señor, a saber coger la cruz de todos los días sin quejas egoístas, sin reproches al cielo, con espíritu solidario hacia aquellos que padecen las cruces que no han elegido. Danos, oh Señor, la fuerza de Francisco.

8 TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez

9 Francisco se armó con la cruz, para confiar su alma al leño de la salvación y lograr salvarse del naufragio del mundo. Abandonados ya los deseos mundanos, deja la ciudad y se retira a lo escondido de la soledad para escuchar solo y en silencio la voz misteriosa del cielo. Y mientras atravesaba el bosque bendiciendo al Señor en francés con cánticos de júbilo, unos ladrones irrumpieron desde la espesura, arrojándose sobre él. Preguntáronle con ánimo feroz quién era, y Francisco, lleno de confianza, les respondió con palabras proféticas: Yo soy el pregonero del gran Rey. Pero ellos, golpeándole, lo arrojaron a una fosa llena de nieve mientras le decían: ¡Quédate ahí, místico pregonero de Dios! Ayúdanos, Señor Jesús a distinguirnos como pregoneros de tu Reino y a saber soportar con paciencia los desprecios de aquellos que no quieren saber nada de ti. Danos, oh Señor, la humildad de Francisco.

10 CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su madre

11 Por encima de cualquier otra criatura, Francisco tenía especial predilección por María, siempre a la altura de la verdadera humildad que su Hijo Jesucristo y ella vivieron en el hogar de Nazaret. El bienaventurado Francisco compuso esta antífona para todo el oficio de la Pasión del Señor: Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro.

12 QUINTA ESTACIÓN: Jesús es ayudado a llevar la cruz

13 El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; en efecto, como estaba en pecados, me parecía muy amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo en medio de ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo lo hice escribir en pocas palabras y sencillamente y el señor papa me lo confirmó. Y el Señor me dio una fe tal en las iglesias, que oraba y decía así sencillamente: Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo (Testamento)

14 SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

15 Llamó a dos de sus compañeros y los envió al hermano Silvestre, que se encontraba en un monte cercano a la ciudad de Asís consagrado de continuo a la oración. Dichos hermanos le llevaban el encargo de que consultase con el Señor cuál era su voluntad sobre la duda expuesta, a saber, cómo podría llegar más eficazmente a la cumbre de la perfección, y comunicarse después la respuesta dada de lo alto. Idéntico encargo confió a la santa virgen Clara, encareciéndole que averiguase la voluntad del Señor sobre el particular... Tanto el venerable sacerdote como la virgen consagrada a Dios coincidieron de modo admirable en lo mismo, a saber, que era voluntad divina que el heraldo de Cristo saliese afuera a predicar. Danos, oh Señor, la gran fe de Francisco.

16 SÈPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

17 Donde quiera que hubiese una iglesia que, aun no cogiéndoles de paso, pudieran siquiera divisarla de lejos, se volvían hacia ella y, postrados en tierra, decían: Adorámoste, Cristo, en todas las iglesias, según les había enseñado el Padre santo. Y lo que no es menos digno de admirar: hacían esto mismo siempre que veían una cruz o un signo de la cruz, fuese en la tierra, en una pared, en los árboles o en las cercas de los caminos. (1C. XVII - 45) Enséñanos, oh Señor, a saber postrarnos en tierra y ayúdanos a levantarnos de cada caída. Danos, oh Dios, el amor de Francisco.

18 OCTAVA ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

19 El padre santo, viendo que sus hijos aumentaban en número y en gracia por todas partes... Se dio a pensar muchas veces sobre el modo de conservar y de ayudar a crecer la nueva plantación... Una noche, mientras dormía tuvo la siguiente visión: Ve una gallina pequeña y negra, semejante a una paloma doméstica, con las patas cubiertas de plumas. La gallina tenía incontables polluelos, que, rondando sin parar en torno a ella, no lograban todos cobijarse bajo sus alas. Esa gallina – se dice – soy yo, pequeño de estatura y de tez negruzca, a quien por la inocencia de vida debe acompañar la simplicidad de la paloma, la cual, siendo tan extraña al mundo, vuela sin dificultad a al cielo. Los polluelos son los hermanos, a los que la sola fuerza de Francisco no puede defender de la turbación provocada por los hombres, ni poner a cubierto de las acusaciones de lenguas enemigas. Iré, pues, y los encomendaré a la santa Iglesia romana, para que con su poderoso cetro abata a los que les quieren mal. (2C. XVI – 24) Danos, oh Señor, la confianza de Francisco en nuestra madre la Iglesia.

20 NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

21 Aunque estaba su cuerpo triturado por las graves dolencias, se arrojó al suelo, recibiendo sus débiles huesos en la caída un duro golpe. Y, besando la tierra, dijo: Gracias te doy, Señor Dios mío, por todos estos dolores, y te ruego, Señor mío, que los centupliques, si así te place; porque me será muy grato que no me perdones afligiéndome con el dolor, siendo así que mi supremo consuelo se cifran en cumplir tu santa voluntad. Por ello les parecía a sus hermanos ver en él a un nuevo Job, en quien, a medida que crecía la debilidad de la carne, se intensificaba el vigor del espíritu. (LM XIV - 2)

22 DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

23 Intentaba el padre levar al hijo ante la presencia del obispo de la ciudad, para que en sus manos renunciara a los derechos de la herencia paterna y le devolviera todo lo que tenía. Se manifestó muy dispuesto a ello el verdadero enamorado de la pobreza, y, llegando a la presencia del obispo, no se detiene ni vacila para nada, no espera órdenes ni profiere palabra alguna, sino que inmediatamente se despoja de todos sus vestidos y se los devuelve a su padre. Hasta el presente – dijo – te he llamado padre en la tierra, pero de aquí en adelante puedo decir con absoluta confianza: Padre nuestro, que estás en los cielos, en quien he depositado todo mi tesoro y toda la seguridad de mi esperanza. Al contemplar esta escena el obispo, admirado del extraordinario fervor del siervo de Dios, se levantó al instante y llorando lo acogió entre sus brazos y lo cubrió con el manto que él mismo vestía. (LM. 2, 4)

24 UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

25 Dos años antes de entregar su espíritu a Dios y tras haber llevado trabajos y fatigas, fue conducido, bajo la guía de la divina Providencia, a un monte elevado y solitario llamado Alverna.... Cierta mañana, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo más alto del cielo a un serafín que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. (LM XIII - 3)

26 En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se encontraba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Apareció entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies estaban extendidos a modo de cruz y clavados en ella.... Al desaparecer la visión dejó en su corazón un ardor maravilloso, y no fue menos maravillosa la efigie de las señales que imprimió en su carne. Así, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, tal como lo había visto poco antes en la imagen del varón crucificado.

27 Se veían las manos y los pies atravesados en la mitad por los clavos, de tal modo que las cabezas de los clavos estaban en la parte inferior de las manos y en la superior de los pies, mientras que las puntas de los mismos se hallaban del lado contrario. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras en las manos y en los pies; las puntas, formadas de la misma carne y sobresaliendo de ella, aparecían alargadas, retorcidas y como remachadas. Así, también el costado derecho escondía una roja cicatriz de la cual manaba frecuentemente sangre sagrada empapando la túnica y los calzones. (LM. 3)

28 DECIMOSEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

29 Acercándose por fin el momento de su tránsito, hizo llamar a su presencia a todos los hermanos que estaban en el lugar... Sentados a su alrededor todos los hermanos, extendió sobre ellos las manos, poniendo los brazos en forma de cruz por el amor que siempre profesó a esta señal y, en virtud y en nombre del Crucificado, bendijo a todos los hermanos, tanto presentes como ausentes. Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada ya su alma santísima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmió en el Señor este varón bienaventurado. (LM. XIV – 5) Danos, oh Señor, el valor de Francisco ante la hermana muerte.

30 DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz

31 Los hermanos e hijos, que habían acudido con multitud de gente de las ciudades vecinas, pasaron aquella noche del tránsito del santo Padre en divinas alabanzas; en tal forma que, por la dulzura de los cánticos y el resplandor de las luces, más parecía una vigilia de ángeles. Llegada la mañana, se reunió una muchedumbre de la ciudad de Asís con todo el clero; y, levantando el sagrado cuerpo del lugar en que había muerto, entre himnos y cánticos, al son de trompetas, lo trasladaron con todo honor a la ciudad. Para acompañar con toda solemnidad los sagrados restos, cada uno portaba ramos de olivo y de otros árboles, y, en medio de infinitas antorchas, entonaban a plena voz cánticos de alabanza. Cuando llegaron al lugar donde por primera vez había establecido la Religión y Orden de las vírgenes y señoras pobres, lo colocaron en la iglesia de San Damián, morada de las mencionadas hijas, que él había conquistado para el Señor. (1C.116) Danos, oh Señor, la esperanza de cristianos y abrazar con fe nuestro destino de criaturas: la inmortalidad.

32 DECIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es colocado en un sepulcro

33 Llegados por fin, radiantes de júbilo, a la ciudad, depositaron con toda reverencia el precioso tesoro que llevaban en la iglesia de San Jorge. Este era precisamente el lugar en que siendo niño aprendió las primeras letras y donde más tarde comenzó su predicación: aquí mismo, finalmente, encontró su primer lugar de descanso. (LM XV - 5)

34 El día 25 de mayo del año del Señor de 1230, con la asistencia de los hermanos que se habían reunido en capítulo general celebrado en Asís, fue trasladado aquel cuerpo, que vivió consagrado al Señor, a la basílica construida en su honor. (LM XV - 6)

35 Y desde entonces Francisco y sus hermanos...

36 ... reciben la gloria de Dios y de la humanidad...

37 ... al estilo de Francisco en comunión y alabanza con todas las criaturas...

38 ... a los pies de la Iglesia...

39 ... con todos los hombres, hermanos y hermanas...

40 ... en comunión con todos los santos, para grandeza de la Iglesia, gracia de todos los hombres y Gloria infinita de Dios.

41 En la esperanza...

42 ... de la resurrección.

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