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ECLESIOLOGÍA FUNDAMENTAL. Presentación "El Padre... estableció convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el.

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Presentación del tema: "ECLESIOLOGÍA FUNDAMENTAL. Presentación "El Padre... estableció convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el."— Transcripción de la presentación:

1 ECLESIOLOGÍA FUNDAMENTAL

2 Presentación "El Padre... estableció convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la antigua alianza, constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusión del Espíritu y que se consumará gloriosamente al final de los tiempos... "Consumada la obra que el Padre encomendó realizar al Hijo sobre la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de pentecostés... Y así toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." Lumen Gentium 2 y 4

3 INTRODUCCIÓN Eclesiología como estudio teológico de la Iglesia. Hemos de reconocer que el estudio teológico sobre la Iglesia no es algo fácil. La Iglesia es una realidad viva. Una realidad viva e histórica El misterio de la Iglesia sólo se alcanzará a comprender en plenitud dentro del misterio de Dios, dentro de las realidades que Dios, amorosamente, ha querido revelarnos para nuestra salvación.

4 Nuestro saber acerca de la Iglesia. La Iglesia es el templo, el lugar donde se reúnen los cristianos para celebrar sus convenciones o juntas, más o menos sagradas en unos casos, más o menos sociales en otros. Quizás alguno de nuestros interlocutores todavía recuerde alguna de las proposiciones que aprendió en el catecismo estudiado en la infancia. En ese caso -y, a lo mejor, ésa es nuestra situación- podrá decirnos que la Iglesia es algo así como una organización de fieles cristianos cuya cabeza visible es el papa. También es posible que recuerde algún dato más: que la Iglesia es una sociedad perfecta, que está organizada de una manera muy piramidal, donde al papa le siguen los cardenales, a éstos los obispos, a los obispos los curas, y luego los religiosos, etc., hasta llegar a la base: los seglares o laicos. No se puede hoy hablar de la Iglesia sin tomarse verdaderamente en serio la pretensión eclesial de ser una realidad social o comunitaria que va mucho más allá de cualquier otro grupo o colectivo humano.

5 Historia del hombre e historia de su salvación Hoy necesitamos que se nos hable de la Iglesia en sus categorías y con sus imágenes, en un lenguaje que nos resulte asimilable y creíble. Esa forma de hablar, que resulte adecuada tanto para expresar el misterio del Dios revelado como para ser entendida y acogida seductoramente por el hombre, la podemos descubrir sembrada en nuestra historia humana. Esta historia y su significado es nuestro punto de partida y el camino por el que avanzaremos en nuestra eclesiología.

6 Historia del hombre Hoy nadie niega que el hombre, cada hombre en concreto, vive una historia particular y específica que puede más o menos modelar y dirigir según sus fuerzas, ánimos y empeños, según sus opciones o decisiones personales. Encadenamiento de sucesos por el que llevamos e implicamos a los otros; sucederse de acontecimientos al que también somos llevados e implicados por los demás. La historia, en efecto, querámoslo o no, resulta marcada por nuestra índole social. El hombre sólo hace la historia con los otros, en comunidad. El hombre es historia Además de todo esto, otra constatación parece imponerse. Más que ser sujeto que hace, dirige o construye la historia, en último término el hombre se identifica con ella El hombre es una tarea por la que hay que trabajar y esforzarse cada día, cada hora, cada instante. Ser hombre dice tanto de conquista diaria como de don recibido desde el comienzo. El mero hecho de acceder a la vida y ser conscientes de ella pone ya delante de cada uno esa tarea: la de realizarnos luchando por conseguir la victoria sobre cuanto nos oprime y deshumaniza. Tarea o lucha, de una parte; de otra, sucesión en el tiempo de acontecimientos salvadores o liberadores. Realización personal que se lleva a cabo progresivamente, sabiendo que en toda existencia humana personal y colectiva hay rupturas graves, pero también avances

7 Historia de salvación Para quien es cristiano, consciente y responsable de su fe, todo este proceso de construcción personal histórica no puede alcanzarse en plenitud al margen de Dios. Ya no es que, mecánicamente, al pasado le suceda el presente y a éste, a su vez, el futuro sin otro sentido, hilazón ni coherencia. Para el cristiano, el pasado sólo es verdaderamente asumido, superado y, por lo mismo, trascendido cuando se comprende en el presente como anticipo del futuro. Ello significa que las tres fases del tiempo cronológico (pasado, presente y futuro) se hallan englobadas en un marco de sentido y significación. El sentido y la significación conferidos a la historia por la palabra hecha carne en esa historia. Es en Cristo, y sólo en Cristo, donde se vive, se aprende y se testimonia que hay un ámbito amoroso que nos envuelve y unifica.

8 El misterio de la Iglesia en el misterio de Dios El objetivo de esta presentación ha sido el de situarnos en la perspectiva u horizonte desde el que vamos a estudiar teológicamente a la Iglesia.

9 El misterio de la Iglesia en el misterio de Dios Lo afirmamos con toda fuerza: vamos a hablar no tanto de la Iglesia en sí -cosa que difícilmente podrá hacerse-, cuanto de la Iglesia dentro de un planteamiento, marco u horizonte mucho más amplio. Del misterio de la Iglesia sólo se podrá decir algo enmarcándolo en el misterio de Dios. Ese misterio podemos resumirlo -de manera amplia y genérica- en su manifestación histórica por y para nosotros. Así, podemos decir que el misterio de Dios revelado es la historia de la salvación: el ámbito amoroso en el que lo dicho y hecho por él en favor nuestro nos envuelve y acoge como creyentes; el lugar mejor para comprender lo que sea la Iglesia.

10 El misterio de la Iglesia en el misterio de Dios Ese lugar tiene un centro, Cristo, que a la vez es culmen y fuente del tiempo y de la historia. En Jesús, en sus palabras y en sus hechos, en su vida entera, se nos ofrece la fórmula para que esos acontecimientos configuren una verdadera historia humana. La que, a su vez, permite al hombre llegar a la plenitud a la que es llamado: la de conquistar día a día su cota de humanidad y humanización. Es en ese ámbito, lugar y marco donde creemos necesario situar a la Iglesia para conocerla y amarla un poco más.

11 IGLESIA Y TRINIDAD TEMA 1

12 LA REVELACION DE DIOS Y SU MISTERIO El lugar teológico de la Iglesia es donde se la puede encontrar y ver como comunidad histórica que, prolongando a Cristo - sin sustituir ni ocupar el lugar del único Hijo de Dios- en su misión mediadora, ha recompuesto de una vez por todas el camino del hombre hacia Dios y el camino de Dios hacia el hombre. Revelación "para nuestra salvación Identidad de Dios e imagen del hombre Con ello, el concilio de nuestros días -y esto no deberíamos perderlo nunca de vista-ha querido poner de relieve cómo la revelación de la identidad de Dios para el hombre (lo que Dios ha querido manifestarnos de sí mismo) no debe estar lejos de nuestra propia imagen de nosotros mismos. La Iglesia, entre Dios y el hombre Al servicio de lo mejor del hombre

13 LA OBRA CREADORA DEL PADRE En la historia y tradición de la Iglesia suele ser común atribuir al Padre fundamentalmente la obra de la creación. En ese sentido, parecería que la Iglesia no tendría mucho que ver con la obra trinitaria del Padre No es así, sin embargo El Vaticano II afirma : "La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (Ad gentes 2) Creados para ser salvados Precisamente entonces, cuando los humanos derrotados por el pecado habían perdido el camino inicial de ser la imagen de Dios -conforme a la que habían sido creados-, el Padre nunca los abandonó. En atención a su Hijo, el designio de bondad desde siempre acariciado en favor nuestro le determina a invitarnos y convocarnos de nuevo a todos, por segunda y definitiva vez, para hacernos miembros de un nuevo pueblo en el que nos sea dado alcanzar la plenitud. Este pueblo es, lógicamente, la Iglesia Salvados en esperanza Puede decirse que la Iglesia sólo de Dios viene y sólo hacia Dios Padre se encamina: prefigurada desde el origen de los tiempos en el amor y la sabiduría in­finita de Dios; preparada de manera admirable en el desarrollo histórico del pueblo judío elegido por Dios (asamblea de Dios se constituye y amanece definitivamente en los "últimos tiempos de la historia "también como obra del amor creador que salva Para nuestra vida de hijos de Dios en Cristo

14 LA OBRA SALVADORA DEL HIJO Parece casi evidente afirmar que las relaciones de dependencia entre la Iglesia y la obra salvadora de Jesucristo, el Hijo de Dios y Segunda Persona de la Santísima Trinidad, resultan mucho más fáciles de comprobar El Hijo, revelación del Padre salvación de los hombres Mediador, al manifestarnos la verdad e identidad de Dios desde sí mismo; plenitud, al poner de relieve el lugar hacia el que ha de tender la salvación humana. Por salvación entendemos tanto lo que al hombre le corresponde por ser imagen y semejanza de Dios, como lo que el hombre necesita desde su identidad autónoma y específica. La obra salvadora de Dios en Jesús "necesita" de la Iglesia La obra de la redención humana corresponde a toda la Trinidad, quien ciertamente nos ha salvado en su pasión, muerte y resurrección es Cristo redentor. Desde aquí entonces podemos hablar de Jesús de Nazaret, del Cristo, el Hijo de Dios vivo sabiendo que él, para salvarnos y redimirnos, ha necesitado asumir en plenitud la naturaleza humana. La Iglesia, ámbito y hogar de salvación en Cristo Esa historia salvífica, vivida por Cristo "de una vez por todas y de manera única e irrepetible, había de prolongarse tanto espacial como temporalmente hasta llegar a alcanzar a todos los hombres de todos los tiempos, lugares y generaciones.

15 LA OBRA SANTIFICADORADEL ESPÍRITU SANTO El nacimiento histórico de la Iglesia en medio del mundo es un hecho que desde siempre se ha considerado ligado directamente al acontecimiento de pentecostés. Es decir, hay que entender que la Iglesia nace justamente en el momento del envío del Espíritu Santo. Precisamente por ello, varios autores identifican el tiempo de la Iglesia con el tiempo del Espíritu Santo de alguna manera al lado del tiempo obra del Padre y a la obra tiempo del Hijo La Tercera Persona de la Santísima Trinidad Procediendo no sólo del Padre, sino del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo decimos que habita en el corazón de los fieles. A la vez, señalamos también que la Iglesia es templo del Espíritu Santo. Con ello queremos subrayar que el amor del Padre y del Hijo actúa en las entrañas eclesiales dando forma de manera peculiar al "pueblo de Dios y cuerpo de Cristo e inundándolo de vitalidad fecunda y siempre renovada. El Espíritu Santo y la Iglesia como familia de Dios Es uno sólo el amor que se realiza y manifiesta de manera distinta bien sea en el gesto fecundo del amor esponsal entre el marido y la mujer, o en la entrega de los padres por los hijos o en la relación horizontal de los hijos entre sí o en la relación vertical de los hijos para con los padres. Porque la familia es una el vínculo mutuo de unión que de alguna manera, ata a todos los miembros de la misma debe ser también necesariamente uno. Eso mismo -en una plenitud desbordante e insospechada- es el Espíritu en y para la Iglesia El amor en la familia de la Iglesia El Espíritu Santo puede ser entendido como ese amor que constituye y conforma a los miembros de la Iglesia como tales. En cuanto aliento de amor que procede del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo es una fuente de energía y fecundidad sin la cual no se podría entender la incorporación a la Iglesia de cada uno de los que a ella pertenecen Quienes -hijos de Dios por el bau­tismo- se incorporan a la Iglesia reciben efectivamente una vida nueva que brota y será progresivamente alimentada por el mismo Espíritu.

16 LA IGLESIA DE JESUCRISTO Tema 2

17 Introducción Desde un extremo, se han defendido posturas y criterios teóricos - fundamentalmente en el campo de los católicos- que afirman que Jesús de Nazaret no sólo fundó la Iglesia, sino también que fue voluntad suya cualquier costumbre o norma existente en la vida de la Iglesia, aun las de carácter provisional y coyuntural. Desde otro extremo -en este caso, principalmente en el mundo exegético protestante-, se ha llegado a negar toda relación de Jesús con la Iglesia. Ante un necesario equilibrio de posturas Hoy no se pueden ya aceptar al pie de la letra las tesis del racionalismo de finales del siglo XIX, donde se negaba cualquier signo de la voluntad del Señor en favor de la Iglesia. Una cosa es, la voluntad por la que Jesús de Nazaret quiso a la Iglesia, según nos reflejan sus palabras y sus obras, y otro asunto bien diferente es el modo concreto en el que esa misma Iglesia ha ido configurándose a sí misma

18 LA VOLUNTAD DE JESUS DE NAZARET ACERCA DE LA IGLESIA La misión de Jesús de Nazaret Por los caminos de la liberación integral El anuncio del reino La llegada del Reino de Dios Reino de Dios y salvación de los hombres Antiguo y nuevo pueblo de Dios Por los caminos de la comunión Universalidad y particularidad de la obra de Jesús de Nazaret La obra de Jesús y el encargo de sus discípulos La estrecha relación con la persona del maestro Constitución de los doce Enviados en su mismo envío La salvación de Jesús abarca todo el universo El grupo de los doce no reduce, sino que expande la salvación Pedro: llamada, nombre y misión (Mt l6, l8 19) Significado de la elección de Simón

19 LA PASCUA DEL SEÑOR Y SU SIGNIFICADO ECLESIAL En un sentido global y amplio, queremos entender aquí por pascua del Señor cuanto dice referencia directa a su pasión y muerte. En el próximo tema hablaremos del sentido eclesial de la resurrección La institución de la eucaristía Tiene enorme importancia también para el conocimiento de la voluntad de Jesús sobre la Iglesia el hecho que conocemos como institución de la eucaristía. La comunión de la mesa abierta a todos En dichas comidas celebradas en compañía de los suyos Jesús quiere anticipar, significativamente, el banquete celestial que se hará realidad al final de los tiempos. La última cena es, pues -en la vida de Jesús-, el último de una serie de gestos con significado salvífico específico. La intención de subrayar el empalme de las comidas en los caminos de Galilea con la mesa definitiva del Reino, justamente a través de esta mesa intermedia, no debe pasar inadvertida. Esta mesa intermedia está, además, estrechamente unida al altar del sacrificio, a la cruz que ya se acerca como gesto último de obediencia al Padre, a la par que como entrega para la salvación humana definitiva.

20 LA IGLESIA PRIMITIVA Tema 3

21 Introducción Es importante no perder de vista la conciencia de desánimo y desilusión que en los discípulos se crea: Nosotros esperábamos que seria él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó

22 La situación de los discípulos tras la muerte de Jesús Han huido de Jerusalén por miedo a los judíos Con temor y temblor, pasados los primeros momentos de desconcierto total, han pensado y repensado todo lo que había sucedido entre ellos desde que le conocieron. No es cuestión de culpar a nadie. Pero no pueden. A pesar de todo, algo ha quedado en ellos. Algo ha calado tan hondo en su existencia nosotros esperábamos... que no pueden arrancarlo de su corazón aunque quieran. No olvidan tampoco que no lo comprendieron. Que su mensaje y su actuación, que su persona entera les resultó siempre indescifrable, que claramente los había desbordado.

23 Las apariciones y el encuentro con el resucitado Algo muy importante tuvo que producirse para que cambiara de manera tan radical la actitud y el comportamiento de estos hombres. Como hemos querido dejar claro en el tema anterior, al fondo de todo esto se halla, efectivamente, la figura histórica de Jesús de Nazaret, quien en sus palaras y en sus obras ha delineado -apenas esbozado- una comunidad de discípulos que prolongarán su obra, más allá de su muerte. El momento, sin embargo, capital para el amanecer de esa comunidad llega ahora. Con la pascua del Señor, muerte y resurrección unidas, en el envío y recepción del Espíritu Santo, comprobamos cómo se conforma el grupo de los de Jesús de Nazaret que comienzan a reunirse, haciendo memoria del maestro y proclamándolo como contenido fundamental de su anuncio. Lo que en Jesús de Nazaret era "¡ha llegado el reino, convertíos!", se transforma en "¡Jesús ha resucitado, es el Señor, convertíos y bautizaos!".

24 Las primeras "asambleas" eclesiales En la aparente simplicidad y sencillez histórica de unas pequeñas reuniones de discípulos del nazareno situadas al comienzo en torno a Galilea y a Jerusalén, tenemos ya delante de nosotros los primeros pasos de la Iglesia del crucificado,

25 LOS RELATOS DE LA RESURRECCION Y DE APARICIONES Un testimonio personal: el de Pablo Pablo considera la gracia de la aparición que el Señor a él le ha concedido en la misma línea del resto de apariciones a los apóstoles y discípulos. El testimonio no puede ser más claro: Pablo, pues, tiene conciencia de que su encuentro con el Señor "en el camino de Damasco" tiene las mismas características fundamentales que el resto de apariciones a los demás apóstoles. Aunque él se considere "un aborto" en este orden, está situado en la misma línea de salida de donde partió la Iglesia: el encuentro con el crucificado que ha resucitado. Si nos atenemos, pues, al más estricto sentido de lo expresado por quien la ha sufrido, la experiencia del encuentro con el resucitado consiste en "ganar a Cristo", "alcanzar su conocimiento" y "ser hallado en él por la justicia que viene de Dios.

26 LOS RELATOS DE LA RESURRECCION Y DE APARICIONES El paso de seguidores de Jesús de Nazaret apóstoles del resucitado De los diversos relatos de encuentro con el resucitado, no nos podemos conformar con tomar una experiencia espiritual individualizada de los discípulos de Jesús. Comunitariamente comparten un hecho que los desborda y que ya unido a esa experiencia existencial fundamental por la que el Señor se les ha hecho ver. Según ello, la nueva configuración personal los hace pasar de ser puros seguidores del camino que vive otra persona (pertenecían al grupo de los discípulos de Jesús de Nazaret), a ser recreadores de ese mismo camino al actuar en su nombre, convirtiendo, además, a la misma persona del maestro en el núcleo fundamental del mensaje que anuncian. El apostolado es único, puesto que está ligado a la única misión universal del Cristo resucitado. La mediación de la persona del apóstol no se interpone entre Jesús de Nazaret y la Iglesia que nace. Al revés, es el lugar más adecuado para la manifestación auténtica de las palabras y obras del Precisamente por eso ellos son los que crean iglesias: porque es en Cristo, y sólo en Cristo, donde se asienta y edifica la Iglesia que amanece en las comunidades que se van extendiendo por todo el mundo. Lugares: Jerusalén y Galilea

27 LAS COMUNIDADES APOSTOLICAS Y POSAPOSTOLICAS Así se pone a caminar un grupo de discípulos que asumen la condición de apóstoles porque han visto al Señor y porque van fundando comunidades en Cristo para que sean su Iglesia. ¿Cuál es el estilo de vida de estas comunidades? ¿Qué idea tienen de sí mismas como Iglesia de Jesús? Las primeras reuniones de los cristianos La enseñanza de los apóstoles "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles" (Hch 2,42). "Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús" (Hch 4,33). La proclamación de la palabra de Dios llevada a cabo por los apóstoles y la escucha de la misma por los discípulos del Señor tiene verdadero valor fundacional para la Iglesia. Dicho de otro modo: la Iglesia se va congregando como respuesta a una convocación. La oración comunitaria "Acudían a las oraciones... iban al templo todos los días con perseverancia... Alababan a Dios" (Hch 2,42,46,47). La oración comunitaria, de la Iglesia, es uno de los primeros frutos del don del Espíritu en los discípulos. En oración con María, la madre de Jesús, esperan, en efecto, la llegada del Espíritu Santo en pentecostés (Hch 1,14). Y la oración precede a las decisiones más importantes que han de tomarse en la vida de la nueva comunidad. La fracción del pan "Acudían a la fracción del pan... todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría..." (Hch 2,42.46). La fracción del pan, que posteriormente llegará a designar la eucaristía, es el rito originario de los discípulos del Señor. Con este rito quieren significar un efectivo empalme y una real conexión con aquel que les partió el pan de la última cena, dando sentido a lo que tantas veces habían hecho al compartir la misma mesa. La comunión de vida y de bienes "Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común: vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno" (Hch 2,44). "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era común entre ellos" (Hch 4,32). En relación estrecha con el partir el pan o celebrar la cena del Señor, debe situarse el esfuerzo por la comunidad de vida y de bienes. Diariamente, en efecto (Hch 2,46), los primeros cristianos de Jerusalén compartían lo que tenían con alegría y sencillez de corazón y de espíritu.

28 La idea de la Iglesia en Pablo Es ésta, pues, la Iglesia que inicia una andadura que aún no ha terminado, inmediatamente aparece un fenómeno nuevo e insospechado: la dispersión. Con la pascua de Cristo (muerte, resurrección y entronización) ha culminado la obra salvífica querida por el Padre y ya sólo queda el instante último, hasta que el Señor venga. Esta irrupción ya del tiempo de lo definitivo se comprueba en la Iglesia. Leída en clave de historia de la salvación, esta Iglesia es el misterio de la gracia realizado ya. Leída en clave comunitaria y social, esta Iglesia está formada por pequeños grupos de hermanos que se sienten familia de Dios: hijos en el Hijo y hermanos en el hermano mayor Pero ellos son justamente el cuerpo de Cristo O, dicho de manera complementaria, el cuerpo cuya cabeza es Cristo La medida de esta novedad última está en el amor como plenitud de la ley mediante ese amor habrá que seguir trabajando con toda seriedad en un mundo ciertamente hostil, duro y difícil, donde hay que llevar término en "señorío del Señor" ya iniciado. Pero el mundo, aun con toda la bondad de la creación, no es el hogar definitivo de la Iglesia de Cristo.

29 LA MUERTE DE LOS APOSTOLES Y LA APERTURA AL MUNDO Y A LA HISTORIA Pablo no fue, ni mucho menos, el único apóstol que trabajó por la instauración de la Iglesia sembrando comunidades de creyentes por todo el mundo entonces conocido. La Iglesia del Señor -que "caminaba" y se reunía en cada una de esas asambleas locales- se amplió con el trabajo de todos. Podríamos detenernos ante otros tipos de comunidades de las que también hay indicios específicos en el Nuevo Testamento. Así, se puede hablar de la comunidad de Mateo, o la comunidad de Marcos o de Lucas, o las comunidades juanneas, etcétera. Pero con ello alargaríamos en demasía y no añadiríamos mucho a la imagen de Iglesia naciente que ya conocemos. La Iglesia sembrada en la historia de los hombres Ante la lectura de la historia de esa Iglesia en perspectiva actual, sí nos importa subrayar la trascendencia del hecho de la muerte de los apóstoles. La venida del Señor se va retrasando. La Iglesia que vive en las diversas comunidades se plantea entonces una doble exigencia. Por una parte, preocupa la permanencia en la doctrina del Señor; es decir, preocupa permanecer en él y en su verdadera enseñanza. Eso debe ser garantizado de alguna manera. Por otra parte, urge adecuarse a la perenne novedad de los cambios históricos. La Iglesia, en definitiva, se siembra en el surco de una historia con perspectivas y preocupaciones que, aun siendo permanente se manifestarán en forma siempre nuevas. Las relaciones concretas con el mundo y la historia entran de lleno en la configuración e identidad eclesiales. Diversas configuraciones históricas de la misma Iglesia Cómo la Iglesia ha ido respondiendo simultáneamente a estos dos interrogantes es cuestión que nos desborda. Sería entrar a hacer historia de la Iglesia. Algo es necesario decir, sin embargo, para subrayar la identidad entre aquella y esta Iglesia. Simplemente, pues, una palabra que recuerde nuestra memoria histórica. La Iglesia primitiva sabía que era un nuevo pueblo, vinculado al pueblo de Dios, en el conjunto de los pueblos. No más que un pequeño grupillo frente a la grandeza del imperio romano. Su intención era dar al César lo que es del César (Mt 22,21). Reconocía lealmente el orden civil e incluía al emperador y al imperio en sus oraciones. Pronto, sin embargo, aprendió también que la Iglesia no es de este mundo. Que es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5,29). El imperio Hacia finales del siglo IV, con el emperador Constantino y su sucesor Teodosio, el cristianismo pasa de religión perseguida a la religión del estado. Un giro histórico que coloca a la Iglesia ante una de sus encrucijadas más importantes. Queriendo hecer presente en formas y modos concretos y prácticos, el reino de Dios en este mundo, la Iglesia llega a convertirse en una fuerza política y social de primer orden, cediendo en no pocas ocasiones a la tentación del poder y de la riqueza. La inmediata necesidad de reforma La edad media ofrece, así, la visión de una Iglesia confundida con el imperio sacralizado. Ambos (Iglesia e imperio) forman parte de una sola cristiandad en la que lo espiritual y lo secular fácilmente se confunden. Los obispos son al tiempo prelados de sus "iglesias" príncipes de los "territorios" imperiales. Al producirse la ruptura entre la Iglesia de oriente y la de occidente, pueden perfectamente escucharse ya clamores por la reforma eclesial permanente

30 LA MUERTE DE LOS APOSTOLES Y LA APERTURA AL MUNDO Y A LA HISTORIA La ruptura de la unidad por el oriente En oriente, desde Bizancio (Constantinopla) se ha fortalecido la imagen de una Iglesia dirigiada por el emperador y de carácter nacionalista. En occidente, la Roma de los papas entabla una dura pugna por mantener la propia libertad del poder jerárquico frente a los poderes civiles. Esta lucha temporal con los poderes de este mundo pospone una y otra vez la ansiada reforma "en la cabeza y en los miembros" acallando indevidamente las voces e intentos de ir en esa dirección. La ruptura de la unidad en Occidente De este modo, estalla una nueva escisión: la reforma protestante. Lutero quizó distinguir entre régimen secular e Iglesia. Criticó la confusión de ministerios eclesiales y funciones de dominio temporal. Para él, la Iglesia es sólo la comunidad de los verdaderos creyentes. Está allí donde se predica el evangelio y donde se administran los sacramentos. En último término, dirá Lutero, su realidad última es invisible aunque aparesca bajo la forma empírica del gobierno eclesiástico que ordena la predicación de la palabra y la administración sacramental. Hay, entonces, dos órdenes en la Iglesia: el espiritual (sólo por cristo gobernado) y el externo y empírico, que Lutero confía a los príncipes, cayendo en unadependencia de lo secular difícilmente superable. La contrarreforma católica El concilio de Trento es la respuesta (contrarreforma) católica al reto planteado. No es, ni mucho menos, que en el seno de las "iglesias" y naciones que permanecierón fieles a Roma y al sucesor de Pedro no hubiera también anhelos de reforma. Ya hemos dicho que sí. Ahora bién, quizás en demasiados casos la respuesta tridentina fue excesivamente contrastante con él planteamiento luterano. De esta manera, la Iglesia católica se ve obligada a supravalorar su propia identidad. comienzan a aparecer fórmulas que quieren expresar esa realidad comunitaria eclesial, como algo autonomo, visible y fuertemente jerarquizado. Desde el análisis filósofico que tiene como base cualquier sociedad humana, se le conceden a la Iglesia los más altos estadios a los que puede condusir la condición social del hombre. Los problemas de la Iglesia ante el mundo moderno La Iglesia terminará por ser, entonces, la sociedad perfecta que guarda dentro de sí de manera única todos los elementos necesarios para la plenitud social y salvífica de lo humano. Si se tiene en cuenta, además, que este proceso desde el siglo XVI asta casi nuestros dias, se lleva a cabo con una enorme dificultad para mantener un diálogo mínimo con el mundo secular que pasa por las revoluciones más fuertes de su historia (La francesa y la rusa por ejemplo), se entenderá fácilmente el contexto histórico conflictivo en el que el concilio Vaticano II nos ha obligado a rehacer eclesialmente nuestra fe y nuestra conciencia como Iglesia de Dios.

31 LA IGLESIA DEL CONCILIO VATICANO II Tema 4

32 I.Los prolegómenos conciliares 1.La renovación bíblica. 2.La renovación litúrgica. 3.La renovación ecuménica. 4.La renovación teológica. 5.La renovación pastoral. IIEl desarrollo del concilio 1.Los materiales que se van a presentar en el aula conciliar. 2. La primera sesión: una semana clave. 3.Las coordenadas del concilio. 4.El espíritu y la letra del Vaticano II.

33 LOS PROLEGÓMENOS CONCILIARES La renovación bíblica Bastante antes del inicio del siglo XX, especialmente en el ámbito protestante, brotó con fuerza y vitalidad verdaderamente provocativas una nueva forma de hacer exégesis. Casi diríamos que la nueva exégesis protestante, al poner sobre todo de relieve los métodos críticos de los géneros literarios, de la historia de las formas y demás elementos que se hallan detrás del texto bíblico, obligó a los estudiosos católicos a repensar muchos aspectos de su propia exégesis y, sobre todo, a buscar un nuevo acercamiento entre la palabra de Dios y los fieles. La renovación litúrgica Una fidelidad mejor a los símbolos litúrgicos, el cuidado del canto eclesial (gregoriano) y el encuentro y valoración de la más viva y "espiritual" liturgia de la Iglesia oriental, consiguen, mantener encendida una inquietud básica para cualquier reforma eclesial: la del verdadero culto. Sin ello, ciertamente no puede decirse que pueda vivir la Iglesia. La renovación ecuménica También desde el punto de vista ecuménico, las dolorosas y sangrantes experiencias de la loca violencia humana desatada a causa de la segunda guerra mundial producirán frutos insospechados. En los campos de tortura alemanes y en las trincheras del enfrentamiento bélico las diferencias confesionales parecen, efectivamente, de menor importancia. La renovación teológica En la base de todo esto está, en efecto una verdadera y profundísima crisis del hombre y el mundo modernos. Con el siglo XX ya definitivamente avanzado, el hombre parece tomar conciencia de que se encuentra ante el final de una época donde su misma identidad, sus mismos derechos humanos aprobados y reconocidos con práctica unanimidad, se ponen a diario en cuestión por la misma realidad. La renovación pastoral La pastoral en la Iglesia es signo consecuente de su vida, a la vez que causa de la que dimana su permanente renovación. La Iglesia, por medio de sus pastores más lúcidos, va a ser conciliarmente consciente de hallarse ante una nueva situación de fe.

34 EL DESARROLLO DEL CONCILIO El 25 de enero de 1959, para sorpresa generalizada, Juan XXIII anuncia la celebración del concilio. Los materiales que se van a presentar en el aula conciliar Tras unas primeras fases de tanteo y consultas ante preparatorias, las comisiones redactoras preparadas al efecto en Roma (diez comisiones, tres secretariados y la comisión central) elaboran numerosos esquemas El papa dijo textualmente el día 11 de octubre de 1962 al abrir la primera sesión conciliar: "Lo que principalmente atañe al concilio ecuménico es esto: que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz... Mas nuestro deber no es sólo custodiar ese tesoro precioso, como si únicamente nos ocupásemos de la antigüedad, sino también dedicarnos con voluntad diligente, sin temores, a la labor que exige nuestro tiempo, prosiguiendo el camino que la Iglesia recorre desde hace veinte siglos... El espíritu cristiano, católico y apostólico de todos espera que se dé un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y poniéndola en conformidad con los métodos de investigación y con la expresión literaria que exigen los métodos actuales. Una cosa es el depósito mismo de la fe... y otra la manera como se expresa; y ello ha de tenerse en gran cuenta, con paciencia, si fuese necesario, ateniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter prevalentemente pastoral. (Discurso de Juan XXIII en la solemne del concilio Vaticano II)

35 EL DESARROLLO DEL CONCILIO La primera sesión: una semana clave Los primeros signos de que los padres conciliares habían tomado sobre sí mismos la libertad del Espíritu se manifiestan inmediatamente. En primer lugar, se rechazan las listas preparadas por la curia romana para la composición de las comisiones de trabajo. El primer mensaje al mundo que los obispos reunidos en concilio aprueban manifiesta una tonalidad, un estilo y un contenido distinto al lenguaje de los materiales preparados. Finalmente, cuando se entra a discutir directamente el primero de los preparados, la sorpresa de muchos es mayúscula al comprobar cómo se devuelve a la comisión correspondiente para su refundición total. Para el tema de la Iglesia importa especialmente lo acontecido en el aula conciliar durante la primera semana del mes de diciembre de Las coordenadas del concilio 1a. intervención: cardenal Suenens Su propuesta es bien sencilla. Centremos, dice, en una sola idea clave lo que hayamos de buscar en este concilio. Esta idea o propósito básico sólo puede ser uno: la Iglesia. De la misma manera que el Vaticano I fue el concilio sobre el "papado", el Vaticano II debe convertirse en el concilio de la Iglesia. En definitiva, todo el esfuerzo conciliar debe consistir en responder a una sola pregunta: "Iglesia, ¿qué dices de ti misma?". 2a. intervención: cardenal Montini De acuerdo con el planteamiento del cardenal Suenens, Juan Bautista Montini añade, de forma magistral y sintética, una precisión importantísima : preguntar a la Iglesia qué es lo que piensa de sí misma es tanto como estudiar sus relaciones con Cristo. Porque la Iglesia no se dice, no se puede decir a sí misma quién sea ella. La Iglesia sólo podrá descubrir su identidad estudiando su reflejo en el espejo del rostro de quien es su "Cabeza y Señor: Jesucristo". 3a. intervención: cardenal Lercaro La aportación de Mons. Lercaro es también fundamental, a la par que preciosa. Para que la Iglesia halle respuesta a la pregunta por su identidad, además de mirar hacia dentro debe mirar hacia fuera. Allí también está el rostro de su Señor. Por eso mismo, hay que hablar de lo que debe ser la Iglesia de los pobres. Una Iglesia que ha de fijar necesariamente sus ojos en los pobres. Más todavía: que ha de ser fundamentalmente una Iglesia pobre, a imagen de Cristo pobre. Así descubrirá a quiénes debe servir de manera primordial.

36 El espíritu y la letra del Vaticano II Como sabemos, de las aulas conciliares salieron dieciséis documentos que componen el total del bagaje conciliar. Su valor doctrinal es máximo, ya que son fruto del ejercicio del magisterio más solemne de la Iglesia. Por ello mismo, lo contenido en cada documento se halla aprobado, decretado, establecido y ordenado por el sucesor de Pedro juntamente con (formando una sola cosa con) todos los sucesores de los demás apóstoles. Precisando esto, una nota añadida a la constitución sobre la Iglesia nos permite entender. "Teniendo en cuenta la práctica conciliar y el fin pastoral del presente concilio, este santo sínodo precisa que en la Iglesia solamente han de mantenerse como materiales de fe y costumbres aquellas cosas que él declare manifiestamente como tales. Todo lo demás que el santo sínodo propone, por ser doctrina del magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica". (Notificaciones del secretario general hechas en la congregación general del día 16-XI-1964.)

37 Los documentos conciliares Los documentos conciliares, que, como ya sabemos, se citan por las primera palabras de su texto latino, se pueden dividir en tres grandes bloques: Primer bloque: cuatro constituciones Constitución Sacrosanctum concilium (sobre la sagrada liturgia), que se promulgó el 4-XII Constitución dogmática Lumen gentium (sobre la Iglesia), que fue promulgada el 21-XI Constitución dogmática Dei Verbum (sobre la revelación), que se promulgó el 18-XI Constitución pastoral Gaudium et spes (sobre la Iglesia en el mundo actual), que fue promulgada el 7-XII Segundo bloque: nueve decretos Inter mirifica, sobre los medios de comunicación social, aprobado el 4-XII Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo, aprobado el 21-XI Orientalium Exxlesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas, aprobado el 21-XI Perfectae caritatis, sobre la renovación adecuada de la vida religios, aprobado el 28-X Optatam totius, sobre la formación de los futuros sacerdotes, aprobado el 28-X Chistus Dominus, sobre el oficio pastoral de los obispos, aprobado el 28-X Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, aprobado el 28-XI Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, aprobado el 7-XII Presbyterorum ordinis, sobre la vida y el ministerio de los presbíteros, aprobado el 7-XII Tercer bloque: tres declaraciones Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristiana; se aprobó el 28-X Gravissimum educationis momentum, sobre la educación cristiana; se aprobó el 28-X Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa; se aprobó el 7-XII-1965.

38 Los dos planteamientos fundamentales La Lumen gentium La doctrina fundamental que compone la respuesta a la pregunta de qué sea la Iglesia desde dentro (desde sí misma) se halla en la Lumen gentium. Probablemente esta constitución dogmática sea el documento del Vaticano II cuya aportación doctrinal revista mayor importancia. A su luz deben leerse todos los demás, y no al revés. A este mismo apartado corresponderán, y a su luz han de leerse, dos constituciones más: La Dei Verbum habla de la doctrina revelada como alimento de la Iglesia y del servicio que la Iglesia presta para una mejor custodia del depósito revelado. La Sacrosanctum concilium analiza la acción litúrgica como revitalización interior para la vida de la Iglesia. Los decretos sobre las Iglesias orientales, sobre el ecumenismo, sobre el oficio pastoral de los obispos, sobre la renovación de la vida religiosa, sobre la formación de los futuros sacerdotes y sobre los presbíteros dicen una clara relación a la identidad misma de la Iglesia y, por tanto, deben entenderse iluminados por el foco de luz que lanza la Lumen gentium. La Gaudium et spes Con esta constitución, efectivamente, el concilio respondía al segundo de los aspectos planteados por la famosa intervención del cardenal Suenens. Quizás por primera vez en su identidad específica hacia fuera, cuál es su misión, cuál su aportación a un mundo que se considera no en abstracto, sino muy concretamente. Se trataba de hablar, de dialogar, del mundo actual, de la generación presente y del necesario e ineludible intercambio que se produce entre la Iglesia y precisamente ese mundo de hoy.

39 LA IGLESIA, PUEBLO DE DIOS Y CUERPO DE CRISTO TEMA 5

40 Introducción La Iglesia no sólo es sujeto de fe. La Iglesia no sólo tiene fe; no sólo "cree". A la vez, es objeto de nuestra fe. Creemos en la Iglesia. Así lo decimos en el credo: "Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica". Parece necesario, por ello mismo, conocer qué sea, en verdad, la Iglesia que creemos

41 LAS IMAGENES DE LA IGLESIA ¿Cómo acceder al misterio de la Iglesia? ¿Tendremos un camino fácil hasta adentrarnos en lo que la Iglesia es? ¿Cabe una definición de la misma? La mejor respuesta a todas estas preguntas no puede alcanzarse en un nivel teórico o reflexivo. De manera propia y adecuada, a la Iglesia sólo se la comprende desde la perspectiva de la fe.

42 Iglesia: pueblo de Dios. Pueblo del Dios creador y salvador En primer lugar, todo el mundo está de acuerdo en afirmar que la doctrina de la Iglesia como pueblo de Dios significa considerar a ésta inmersa en la historia de la salvación. La imagen ofrece, pues, un horizonte amplio y profundo, a la par que dinámico. La Iglesia es pueblo de Dios porque está situada en la dinámica histórica abarcante, por la que progresivamente, en el tiempo, las promesas de Dios se van inexorablemente cumplimento. Cristo, centro de las dos alianzas

43 Pueblo de iguales: hijos y hermanos en Cristo El primer punto de clara diferenciación lo encontramos en la configuración interna de los miembros que forman parte del pueblo. La naturaleza más íntima por la que los miembros del nuevo pueblo de Dios son tales es el único sacerdocio del que todos participan: el sacerdocio de Cristo. Pueblo universal, al servicio de todas las naciones Una segunda diferencia básica viene señalada por la relación que se establece con el resto de pueblos que, tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo, abarcan el universo entero. Pueblo peregrino hacia el reino de Dios La tercera diferencia entre el antiguo y el nuevo pueblo de Dios viene dada por el fin al que ambos se destinan históricamente. El pueblo de Israel guarda también en este aspecto una analogía con la Iglesia. De ambos se puede decir que se encaminan hacia un fin prometido por Dios y que da sentido a sus historias respectivas. La esperanza en la salvación futura anunciada como plenitud fue siempre un elemento fundamental y constitutivo de la identidad del pueblo elegido por Dios.

44 Iglesia: cuerpo de Cristo También en muchos casos se ha intentado ofrecer una comprensión adecuada de la Iglesia mediante la imagen de cuerpo de Cristo. Por nuestra parte, seguimos creyendo que, al igual que con pueblo de Dios, con cuerpo de Cristo nos encontramos con una imagen más -eso sí, posiblemente la más significativa y expresiva- para poner de manifiesto lo que la Iglesia es: prolongación de la humanidad de Jesucristo. A lo largo de la historia de la Iglesia la teología ha ido distinguiendo en este campo. Una cosa es el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, y otra el cuerpo real de Cristo, que es la eucaristía. La exégesis moderna tiende a ver aquí los dos significados con los que podemos referirnos a la Iglesia mediante esta imagen de cuerpo de Cristo. Todo ello apunta a una tensión que debe fecundar la vida de los cristianos como miembros del cuerpo místico de Cristo. Cada día, en efecto, los miembros del cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, deben luchar para que ese cuerpo esté más unido y signifique mejor ante el mundo la mesa definitiva del Reino de Dios que viene.

45 LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA Tema 6

46 LOS LAICOS "Por el nombre de laicos se entiende aquí a todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la Iglesia". Debemos añadir, sin embargo, que inmediatamente después se intenta un esfuerzo de exposición positiva. Según el concilio, "Los laicos son los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo. Lumen gentium 31 Pertenencia plena a la Iglesia Nunca debemos perderlo de vista. Todos los bautizados, por el mero hecho de estar bautizados, somos igualmente Iglesia. Por mucho que a lo largo de la historia se haya podido abusar de actitudes o estilos que parecían reducir la Iglesia a los clérigos, lo cierto es que desde siempre, radicalmente, todos son igualmente miembros de la misma y única comunidad eclesial. A lo más que podía aspirar el laico era a que se le ofrecieran los medios suficientes para la salvación. Estos medios (la palabra de Dios, la enseñanza y los sacramentos) el laico debía recibirlos en pura obediencia, sin muchas posibilidades de poder asumirlos con libertad y responsabilidad.

47 LOS LAICOS La "consagración del mundo "La misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no sólo por los ministros en virtud del sacramento del orden, sino también por todos los fieles laicos. En efecto, éstos, en virtud de su condición bautismal y de su especifica vocación participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo, cada uno en su propia medida». Christifideles laici 23 "Los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo cabeza. Ya que, insertos por el bautismo en el cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor..." Este apostolado de los laicos nace, igual que el envío de los presbíteros o de los obispos y que la llamada a los religiosos, de la mismísima unión con Cristo. Por ella, todos y cada uno de los cristianos somos Iglesia, tenemos la misma importancia y entidad eclesiológica. "Todo este esfuerzo por edificar el cuerpo místico de Cristo se llama apostolado y la Iglesia lo ejerce por medio de todos sus miembros y de diversas maneras; pues la pura y simple vocación al apostolado... Siendo propio del estado de los seglares el vivir en medio del mundo los negocios temporales, ellos son llamados por Dios para que, fervientes en el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento.

48 LOS RELIGIOSOS: DE VIDA ACTIVA Y DE VIDA CONTEMPLATIVA "Los religiosos, por su estado, dan un preclaro y eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas". Lumen gentium 31 El religioso es miembro de la Iglesia en cuanto religioso; es decir, en cuanto que ha sido llamado para ser hijo de Dios por el bautismo y, a la vez, en este mismo sacramento, ha recibido ya una llamada con unos dones específicos para contribuir también a la edificación del cuerpo de Cristo. Pobreza, castidad y obediencia como signo de las bienaventuranzas Lo específico de la vocación y misión de los religiosos viene significado por su vivencia de los llamados consejos evangélicos. "Los consejos evangélicos, castidad ofrecida a Dios, pobreza y obediencia, como consejos fundados en las palabras y ejemplos del Señor y recomendados por los apóstoles..., son un don divino que la Iglesia recibió del mismo Señor, y que con su gracia conserva perpetuamente". La vivencia de la pobreza, de la castidad y de la obediencia supone una triple renuncia evangélica, que personalmente asume cada religioso, para vivirla normalmente en comunidad. Se renuncia al tener posesivo. Se renuncia al amar como actitud apropiativa del otro. Se renuncia al ser egoístamente, desde sí mismo. Pero el acento de los consejos evangélicos no se halla en la dureza de la renuncia. Pobreza, castidad y obediencia deben ser signos de la seducción que ejerce Jesús mismo sobre aquellos que quieren consagrarse a él. Con ello, los religiosos ni minusvaloran otros caminos eclesiales ni des­precian otros valores que también pertenecen al Reino de Dios.

49 LOS QUE HAN RECIBIDOEL SACRAMENTO DEL ORDEN La condición jerárquica de la Iglesia "Para apacentar al pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios que tienden al bien de todo el cuerpo. Porque los ministros que poseen la potestad sagrada están al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos son miembros del pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana se encaminen libre y ordenadamente a un mismo fin y alcancen la salvación". Lumen gentium 18 Más que haber jerarquías en la Iglesia, lo cierto es que la Iglesia es jerárquica. Porque no hay privilegios de carácter privado. Hay servicios o funciones que desempeñar por y para la Iglesia. Quienes son llamados o enviados al ejercicio de ese ministerio quedan configurados como miembros especiales de la Iglesia. Son, igual que los demás, miembros eclesiales, pero su carácter jerárquico (diversamente participado, además) resulta único. Por este carácter, no sólo pasan a tener un estado de vida (el clerical) distinto del de los laicos y los religiosos, sino que además ejercen funciones eclesiales intransferibles que tienen su origen expresamente manifiesto en el mismo Cristo, fundador y cabeza de la Iglesia.

50 Los presbíteros Para la representación de Cristo El sacramento del orden configura al presbítero para que actúe como otro Cristo y, por tanto, para que su gesto, siendo el más significativo de la comunidad, sea, a la vez, el más insignificante, simple y sencillo. Su gesto eclesial es el más significativo porque hace presente al mismo Cristo en su totalidad. Partiendo de la presidencia de la eucaristía, el ministerio ordenado es en los presbíteros un ejercicio de: puro "prestar su boca" para que Jesús de Nazaret en persona se proclame como evangelio de la salvación universal; simple "poner sus manos" para que Cristo mismo se rompa y derrame en su cuerpo y sangre sembrados como el grano de trigo por la comunidad y el mundo; mero "donar su cuerpo entero "para que el Señor de la historia encamine a los suyos hacia la definitiva salvación que esperamos.

51 Los obispos Del ministerio de los obispos se dice fundamentalmente que es la participación en plenitud del sacerdocio de Cristo. Su ordenación o consagración es verdaderamente sacramental (el episcopado es un sacramento: la plenitud del sacramento del orden). Son verdaderos sucesores de los apóstoles. Forman, como ellos, un colegio episcopal que, de alguna manera, sucede al colegio apostólico en las mismas o similares funciones de aliento y dirección -siempre en comunión con el papa y nunca sin él- de la Iglesia universal. El ministerio episcopal existe tanto en orden a la propia vida cristiana de la iglesia local que le ha sido confiada, como para el cuidado o preocupación por toda la Iglesia universal. El sucesor de Pedro El papa es, en primer lugar, obispo de la iglesia local de Roma; por tanto, uno de los miembros del colegio de los obispos que sucede al colegio de los apóstoles. Ahora bien, por ser sucesor específico del apóstol Pedro en esa iglesia de Roma, recibe además un don especial y exclusivo para el cuidado y servicio de la una y única Iglesia de Jesucristo. Ese don especial lo conocemos con el nombre de primado Con la máxima sencillez y brevedad debemos explicar en qué consiste este don del papa que, por cierto, a lo largo de la historia de la Iglesia ha sido motivo de múltiples polémicas y formulaciones no siempre fáciles de entender. El romano pontífice es, pues, en primer lugar, el primero entre muchos iguales (el primero entre los obispos, por ser obispo de Roma). Pero no sólo eso. El sucesor de Pedro goza además tiene como fin conducir a la comunidad eclesial entera en su peregrinación terrestre por los caminos de la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Esa primacía, como poder de servir y realizar la unidad Al servicio de la unidad e integridad de la Iglesia Pero, valorado ese servicio, debe aceptarse también que Pedro no supone, en absoluto, una negación, sino, más bien, una potenciación del resto de vocaciones, servicios y ministerios, colocados bajo su dirección. A Simón se le eligió -con el resto de los apóstoles y también de una manera peculiar- para que fuera piedra (por eso se le cambia el nombre) no sólo de una Iglesia que había de nacer en el futuro, sino también de una comunidad que debería mantenerse como testigo perennemente actualizador de la salvación. La historia de la Iglesia, en ese sentido, nos descubre a Pedro... y a sus sucesores.

52 CONCLUSION: Vocaciones, carismas y ministerios Es un mismo don del Espíritu el que nos introduce en la familia de Dios que es la Iglesia, al convertirnos en hijos del Padre por el bautismo; y es, a la vez, ese mismo don del Espíritu quien llega hasta nosotros como una llamada a la entrega de la vida en un modo concreto de seguir las huellas del maestro. Ello es, justamente, lo que configura la vocación o estado de vida de cada cristiano, bien como laico, bien como ministro "ordenado"o bien como religioso. Por vocación se entiende aquella llamada que partiendo de Dios mismo es escuchada por el hombre como interpelación directa para configurar la propia vida de creyente en una dirección especial. Vocación, entonces, sería la conciencia que cada uno tiene de la tarea en la Iglesia y en el mundo a la que el Señor le ha llamado. Carisma es una palabra que viene del griego y hace referencia a la gratuidad del don que se recibe en la vocación concreta. Ahora bien, el acento teológico más importante que con su uso se significa es el del don o la fuerza del Espíritu; don o fuerza recibidos para una misión peculiar, que también se ha de desarrollar tanto en la Iglesia como en el mundo. Finalmente, ministerio supone una connotación de servicio comunitario. Todo servicio en la Iglesia nace de la única fuente del verdadero sacerdocio del Nuevo Testamento de Cristo mismo. Sólo sirve a la edificación del cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, quien participa del único gesto que en verdad convoca, reúne y levanta a esa Iglesia en el mundo como instrumento de salvación: la entrega "por nosotros y por todos de quien es, al tiempo, sacerdote, víctima y altar, el crucificado resucitado.

53 LA IGLESIA ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA Tema 7

54 LA IGLESIA ES UNA El concilio Vaticano II ha subrayado con la máxima energia la unidad de la Iglesia. Pero ¿qué significa exactamente esta unidad eclesial? ¿Puede hoy seguirse hablando de la unidad de la Iglesia (de una sola y única Iglesia) cuando vemos por todos los lados tantas iglesias que también reclaman para si la condición de tales? Además, aun admitiendo que la Iglesia católica sea la única verdadera La unidad de la Iglesia se halla en Cristo Tanto la unidad como la unicidad de la Iglesia de Jesucristo se basan en su propia condición de misterio de Dios revelado para nosotros. De la confesión de un solo Dios Padre, de un solo mediador, el Hijo Jesucristo, y de un solo Espíritu Santo, que todo lo inspira, se sigue necesariamente la existencia de una sola y única Iglesia. Pero ¿en qué consiste, en verdad, la unidad de la Iglesia? La unidad de la Iglesia es mucho más que una simple exigencia de organización. Es una realidad que nace de Cristo mismo, único Señor, y que se manifiesta en su único Espíritu. Por tanto, la unidad es un don divino. A la vez, la unidad eclesial es también una tarea constante en la que deben participar, en su medida, todos y cada uno de los miembros de la Iglesia. Entre todos, en efecto, deben tender a cuidar y reforzar el triple vínculo de la unidad eclesial: el vínculo de la unidad eclesial en la misma fe, el vínculo de la unidad eclesial en los mismos sacramentos y liturgia, el vínculo de la unidad eclesial en un mismo gobierno o comunión de todos sus miembros.

55 La unidad de fe Normalmente, los conflictos más fuertes que han afectado a la vida de la Iglesia hasta romper su unidad (los cismas y las herejías) han tenido su punto de partida en acentuaciones doctrinales llevadas de tal forma al extremo que negaban otra serie de datos también imprescindibles para el credo eclesial; es decir, para mantener íntegro e incólume el depósito de la fe que a la Iglesia se le ha confiado. Hay que tener en cuenta que el depósito de la fe que a la Iglesia se le ha confiado para su fiel custodia, aun desde el punto vista meramente doctrinal, no es principal ni exclusivamente una serie de proposiciones verbales perfectamente formuladas, fijas y estables Esto supone también que la unidad de fe eclesial no excluye un rico y sano pluralismo de estilos y formas de pensar la misma fe, que necesariamente han de ser distintos, determinados precisamente por las diversas circunstancias siempre atendibles. De hecho, la comunión de la Iglesia de Jesucristo es siempre una comunión de unidad en la diversidad. La unidad de culto La Iglesia prohíbe la comunión plena de mesa quiere tener muy clara esta íntima relación tantas veces subrayada a lo largo de nuestra exposición teológica. El cuerpo real del Señor (sacramentalmente presente en la eucaristía) es alimento de comunión y de unidad de su cuerpo místico eclesial (hace uno a los diferentes miembros de este cuerpo). La unidad de comunión y gobierno La unidad de comunión apunta, más que nada, al fortalecimiento de esa misma comunión entre todos los fieles. No se trata tanto de mantener unos aspectos formales de una única Iglesia católica. Es cuestión de ser y manifestarse ante el mundo, por la aportación adecuada a la vida eclesial propia de cada uno de los miembros, como verdadera comunión de vida.

56 LA IGLESIA ES SANTA La santidad de la Iglesia, tal y como a primera vista se nos ofrece, parece estar en contradicción con la experiencia que cada uno de nosotros tiene de ella. Porque nadie, efectivamente, puede poner en duda la existencia del pecado en la Iglesia. Dada nuestra condición humana, el pecado es casi lo primero que apreciamos de la Iglesia. Especialmente en los tiempos modernos, cuando ha aumentado enormemente la conciencia crítica del hombre, parece que inconscientemente tendemos a considerar lastre para el progresismo histórico todo lo que está cargado de siglos y tradición. Y, más todavía: en la medida en la que nosotros somos miembros de la Iglesia, no podemos menos de experimentar nuestro pecado y, por tanto, nuestra aportación a su vida y comunión en cuanto tales pecadores. "La Iglesia... es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado el único santo, amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a sí mismo por ella para santificarla, la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía que los apacentados por ella, están lla­mados a la santidad, según aquello del apóstol: "Porque ésta es la voluntad de Dios, nuestra santificación" (I Tes 4,3; cfr. Ef 1,4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles". Lumen gentium 39

57 LA IGLESIA ES SANTA De una parte, en la medida en que es posesión particular de Dios (esposa de Cristo, su cuerpo, etc.), la Iglesia es total y absolutamente santa. Pero si redujésemos nuestra visión de la santidad de la Iglesia a esta dimensión divina, estableceríamos una dicotomía o separación peligrosa en la vida y existencia eclesiales. La Iglesia, que es santa por ser divina, es decir, por voluntad de Dios que la ha unido a sí mismo y por su santificación se entregó en la persona del Hijo, es también santa en sus miembros... ¡aunque éstos sean pecadores!

58 LA IGLESIA ES CATÓLICA En efecto, decían los católicos, las iglesias protestantes no son la verdadera Iglesia de Jesucristo, y ellos mismos lo reconocen cuando aceptan para ellos un nombre que viene de su "fundador", no de Jesucristo mismo. Con ello, están recortando indebidamente el carácter de globalidad, de catolicidad, que la verdadera Iglesia de Jesucristo debe tener. El significado de lo que con ello se quería decir está claro. La Iglesia goza de una propiedad, sin la cual no alcanzaría a ser y a mantenerse como Iglesia verdadera o Iglesia de Jesucristo. Esa propiedad es la de la catolicidad.

59 LA IGLESIA ES CATÓLICA Normalmente entendemos que la Iglesia es católica porque está extendida (y lo ha estado siempre) por prácticamente todos los lugares del mundo. Parece lógico, según esto, pensar que la catolicidad de la Iglesia no reside en el hecho mismo de la extensión geográfica católica. Puede la Iglesia estar formada por un pequeño grupo de cristianos, y sin embargo una de sus propiedades esenciales seguir siendo la de la catolicidad. La expresión católica no debe confundirse con entera ni, mucho menos, con universal. La doctrina eclesial sobre la catolicidad debe entenderse desde la misma palabra revelada. Desde ahí, católico en sentido absoluto, es decir, en cuanto que expresa la plenitud o la totalidad de lo que es y existe, sólo puede decirse de Dios. El significar en la medida de lo posible esa llamada a la totalidad y plenitud del ser creado por Dios es justamente la esencia de la catolicidad. La Iglesia es, pues, católica por lo que significa de apertura a la totalidad.

60 LA IGLESIA ES CATÓLICA Precisamente un sentido fundamental de la catolicidad eclesial reside en su apertura a todos los hombres, de todas las razas, pueblos y naciones La salvación de los hombres y el ecumenismo En primer lugar, hay que tener en cuenta que sólo en la Iglesia católica subsiste verdaderamente la única Iglesia de Jesucristo. O, lo que es lo mismo: sólo en la Iglesia católica (y ello contando, por supuesto, con su propia condición pecadora) puede encontrar el hombre todos los elementos necesarios para conseguir o adquirir la salvación que viene de Cristo. En segundo lugar, también parece claro, en lógica consonancia, que la tarea del ecumenismo debe ser asumida por todos los católicos como uno de los máximos empeños, no sólo de carácter o de signo caritativo con respecto a los hermanos separados, sino como necesidad de salvaguardar la propia identidad una y católica de la Iglesia

61 LA IGLESIA ES APOSTÓLICA Por apostólica debemos entender aquella nota o propiedad esencial por la que la Iglesia puede, auténtica y razonablemente, justificarse ante sí misma y ante su entorno que está asentada en el fundamento de los apóstoles. A su vez, los apóstoles no son apóstoles de sí mismos ni desde sí mismos ni por sí mismos. Son apóstoles de Jesucristo, desde Jesucristo y por Jesucristo. La apelación apostólica, única apelación válida de la Iglesia a su fundador Jesús Digámoslo, a modo de resumen, con toda sencillez a la par que con todo atrevimiento: por la apostolicidad, la Iglesia se sabe Iglesia de Jesucristo, o, lo que es lo mismo, la Iglesia es apostólica como condición de asentamiento en el fundamento de los apóstoles, que son los únicos que, en verdad, la remiten a Cristo, su maestro, su cabeza, su Señor.

62 LA IGLESIA ES APOSTÓLICA En efecto, la respuesta a todas esas preguntas que con más o menos insistencia nos rondan en la cabeza sólo es una: los apóstoles. La garantía de que la Iglesia puede apelar con toda certidumbre y verdad a Jesucristo como, a la vez, fundamento y origen de que su ser y caminar históricos se corresponden con su identidad fundacional, sólo puede encontrarse, y de hecho ahí está, en los apóstoles y en sus sucesores. Lo apostólico: enviados en el mismo envío de Cristo

63 LA IGLESIA ES APOSTÓLICA Como ya dijimos, parece difícilmente aceptable una postura que se empeñe en no entender una explícita voluntad del Señor por prolongar su obra, y más todavía: en prolongar su propia persona, no sólo en una comunidad más o menos abstracta e indeterminada, sino en unas personas muy concretas cuyo servicio era precisamente representarle (hacerle presente a él). Éstos fueron los apóstoles, cuyo número no puede reducirse a los doce, según el testimonio de Pablo cuya experiencia volvemos a recordar tal y como la estudiamos en su momento. Parece, entonces, clara la conclusión: sin los apóstoles la Iglesia no podría apelar a Cristo. Debe entenderse en este sentido cómo, sin que se sustituyan, ni se suplanten, ni se confundan, puede hablarse a la vez de Jesucristo y de Pedro (y los apóstoles, y, de alguna manera, sus sucesores) como roca de la Iglesia. No hay dos rocas (Jesucristo más Pedro); hay sólo una roca (Jesucristo) y, en ella, Pedro,


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