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PUERTA DEL CIELO ¡RUEGA POR NOSOTROS! Las letanías son alabanzas, piropos de amor, de ternura. ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. ¿Te gustan?

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Presentación del tema: "PUERTA DEL CIELO ¡RUEGA POR NOSOTROS! Las letanías son alabanzas, piropos de amor, de ternura. ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. ¿Te gustan?"— Transcripción de la presentación:

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2 PUERTA DEL CIELO ¡RUEGA POR NOSOTROS!

3 Las letanías son alabanzas, piropos de amor, de ternura. ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. ¿Te gustan? Sí amas, sí comprendes.... PUERTA DEL CIELO. Si el cielo es la felicidad eterna, el lugar donde reside Dios y donde estamos destinados a vivir felices por toda la eternidad, la puerta de entrada es muy importante. Resulta que la puerta se llama María. Al cielo se entra por María. Quien ama a María, quien le tiene gran devoción, tiene el boleto asegurado y la puerta abierta para entrar. Su sí a Dios abrió la puerta que estaba cerrada. Ella nos abrirá la puerta de la felicidad eterna; nos dará un abrazo cariñoso. y nos presentará a Jesús y al Padre. ¡Cuanta ilusión me da el pensar en ese momento! A medida que conocemos a la Virgen, nos vamos enterando de su gran importancia en esta vida y en la otra vida. María nos es completamente necesaria e indispensable. Y los que opinan de otra manera, muy su opinión, que respetamos, pero andan muy equivocados. Abrir la puerta, y encontrarnos con María Santísima es el comienzo del cielo, su preludio, el inicio del éxtasis eterno que comienza...pero no terminará jamás.... P. MARIANO DE BLAS.

4 Haciendo Dios un día la visita en el cielo acostumbrada, notó que cierta gente no tenía una faz suficientemente pura, y que se hallaba como avergonzada con esas almas de inefable albura. A San Pedro -se dijo- ¿qué le pasa?. Tal vez su edad, no escasa, el carácter le habrá debilitado. Preciso es sermonearle al descuidado guardián. ¡Que se le llame!". Y al instante en raudo y limpio vuelo, un ángel fue y hallólo bien sentado y con el ojo alerta, muy tranquilo en el suelo al lado de la puerta.

5 "Cálmate, -dijo Dios. Probablemente se nos está engañando. Mira abajo, ¿conoces a esa gente?" "Oh mi buen Dios, te digo francamente: jamás por mí fue vista, que no están en mi lista, que no son en verdad de nuestro bando, y que indudablemente aquí se me está haciendo contrabando. Pero yo te prometo, buen Señor, coger pronto al traidor; y de no, con dolor del alma mía, te renuncio, Señor, a la portería". "Yo vengo San Pedro a reemplazarlo, un momento siquiera, pues el buen Dios lo quiere interrogar''. Y San Pedro corrió, y con severa actitud el Señor lo reprendió diciéndole: "¡No, no! esto no puede ser, tú estás dejando entrar gente manchada a esta mi pura celestial morada." "Me confundes, buen Dios -respondió Pedro- pues yo vivo en la puerta siempre en vela como perenne y listo centinela, y a pesar de mi edad tan avanzada, no se me pasa, por descuido, nada. Créeme, buen Señor, no soy culpable, pues yo soy en mi puesto inexorable y ningún muerto ha entrado a esa corte sin traer el debido pasaporte".

6 San Pedro entonces, inmediatamente, mandó llamar a Dios para que viera lo que estaba pasando, y cuando hubo llegado, el buen portero le hizo señas a Dios que se escondiera allí, sin hacer ruido, y que tuviera oído agudo y ojo muy certero. Y qué cuadro el que vieron, ¡admirable! Por fuera del recinto habían quedado muchas almas que Pedro, inexorable, había en su puerta rechazado porque no habían traído al paso el pasaporte íntegro y cumplido. San Pedro echó después con gran cuidado mil vueltas a las varias cerraduras, y cuando estuvo bien asegurado de que no había rendija ni aberturas por donde penetrar pudiera un alma, y estando ya la noche un poco entrada, se sentó en plena calma a vigilar la celestial portada. Mas, ¡oh gran maravilla! De repente y sin saber por dónde, cómo y cuándo, vio que una intrusa gente al cielo y de rondón se iba colando.

7 Como San Pedro ya se vio triunfante, probada su inocencia, al buen Señor le dijo muy campante: "¡Al menos le hará Usted una advertencia!" Mas el buen Dios que había reconocido en los muros del cielo, allá en la altura, a su Madre, tan dulce, pura y bella, le respondió con sin igual dulzura: "¿Para qué? ¡Tú ya sabes cómo es Ella!" Eusebio Robledo Correa Y esas almas tan tristes, exhalaban tan amargos gemidos y quejas de tan gran melancolía, que la Virgen María, de ellas compadecida, y no sufriendo que en vano así esa gente la implorara, a los muros del cielo se subía, y desde allí, creyendo que por la noche nadie la veía, uno a uno iba alzando con intensa alegría, haciendo así a San Pedro contrabando.

8 ORACIÓN: Madre del Redentor, virgen fecunda, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar, ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra engendraste a tu santo Creador, y permaneces siempre virgen. Recibe el saludo del ángel Gabriel, y ten piedad de nosotros, pecadores. Amén.

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